De mujeres, hombres y chistes incorrectos

Con frecuencia prácticamente diaria subo a mi facebook fotos de mujeres hermosas. Soy un esteta, y siento sensibilidad hacia la belleza. En algunas ocasiones he publicado desnudos femeninos, lo que me ha acarreado no sólo las irritantes sanciones de facebook – incomprensibles para la alegre y permisiva mentalidad latina, tan alejada del puritanismo norteamericano -, sino también acusaciones de machismo. Estas nunca me han afectado demasiado porque creo que las hacen personas que manejan clichés sin profundizar en su significado último.

Como hombre heterosexual, las mujeres me atraen, y lógicamente la sensibilidad estética de la que hablo en el párrafo anterior está imbuida de pulsión sexual. Esto provoca desconfianza entre fiscales morales y policías del pensamiento que consideran que el deseo contamina todo lo demás. Sin embargo, se equivocan. No es algo excluyente. A mí me parece bellísima Jacqueline Bisset, por ejemplo, pero eso es compatible con que crea que es una mujer muy inteligente y talentosa. Admito que en mi muro de facebook priorizo la frívolo, pero también he encontrado el momento para elogiar sinceramente la destreza para la fotografía de Dora Maar, el talento literario de Carmen Laforet o la labor cultural de Sylvia Beach.

¿Por qué si ensalzo la belleza femenina soy considerado por algunos machista?¿Acaso no es un elogio? Para responder a ello es preferible determinar primero qué es el machismo. Una apresurada definición nos dice que que es una actitud que defiende la supremacía del hombre sobre la mujer. ¿Y qué es la misoginia? Pues sencillamente el odio hacia las mujeres. Yo no me considero ni machista ni misógino. Siempre me he relacionado con el género femenino en términos de respeto e igualdad. Si fuera empresario confiaría tanto en un empleado como en una empleada y les pagaría el mismo salario a ambos. Tampoco soy de esos tipos que considere que el lugar de las mujeres es la cocina. Hay quien piensa así, pero por suerte no soy uno de ellos.

Sólo alguien muy autoindulgente y enemigo de la honestidad dejaría de elucubrar sobre la razón de la acusación de machismo. Por eso dándole vueltas acabo por aceptar algo que tal vez en un alarde de autosuficiencia rechace: que estoy imbuido de una cultura y una tradición secular machista, y éstas no sólo han nutrido mi bagaje emocional sino también el de la mayoría de los hombres de mi generación y de las anteriores, aunque no nos demos cuenta. Ese machismo está latente y aflora en un ambiente de bromas entre amigotes y cuando un hombre discute con una mujer, situaciones aparentemente opuestas.  La distensión de las chanzas puede hacer que el humor sea transgresor, tratando de encontrar los chistosos complicidad con otros hombres, al igual que en una bronca él tratará de herirla a ella con una actitud despectiva respecto de su género. ¿Somos machistas al actuar así o simplemente nos dejamos llevar por la laxitud y el acaloramiento respectivamente? Francamente, no tengo una respuesta fácil y concluyente.

Ahondando en el tema del humor, me gustaría ejemplificar el carácter machista de nuestra herencia social. Alguien puede afirmar que se hacen chistes de ese tipo argumentando que las mujeres también hacen bromas ofensivas con los hombres. El chiste que dice que la diferencia entre el globo y la mujer es que el globo tiende a subir y la mujer sube a tender es contrarrestado con el que pregunta cómo pierde el hombre la inteligencia y la respuesta es “divorciándose”. Sin embargo en el pasado no era así. Recuerdo que en los años 70 Chummy Chúmez dibujó una viñeta en la que se decía que “una feminista es una mujer que cuando se quita las bragas te pregunta cómo va lo de los palestinos”. Estoy prácticamente seguro de que entonces – y mucho menos antes – ninguna cómica subía a un escenario para reírse de la falta de habilidad o inteligencia de los hombres. Desde luego no puedo aportar ningún ejemplo. Hoy sí hay esa simetría, y es frecuente ver a monologuistas femeninas guaseándose de los varones, algo muy justo y sano.

Que reconozca esta disposición de los hombres a despreciar a las mujeres alimentada por el atavismo no quiere decir que la acepte. Eso sería un ejercicio de cinismo. Es necesario esforzarse en dejarla atrás, algo sobre lo que soy optimista, puesto que además confío en que las nuevas generaciones se eduquen y vivan en una sociedad más igualitaria. Sin embargo, no creo que la represión sea el camino para llegar a ella. Cuando alguna amiga me reprocha que sólo cuelgue fotos de mujeres bellas le respondo que los hombres no me gustan y no quiero verme obligado a mostrarme artificialmente ecuánime. Que ponga ella fotos de bomberos si quiere. El camino hacia la igualdad pasa siempre por la libertad.

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