Entrevista a Darío Adanti: “La opinión para mí no vale nada”

Esta entrevista me la concedió Darío Adanti —dibujante, casi siempre de humor, animador, guionista y uno de los fundadores de Mongolia (tanto la revista como el show “Mongolia, el musical”) — hace ya muchos meses, con motivo de la publicación de su tebeo ‘Disparen al humorista’ (Astiberri), un ensayo gráfico imprescindible para los interesados en los límites del humor. ¿Por qué nos ofenden algunos chistes? ¿Se puede delimitar límites morales en la comedia? ¿Y se debe?

En una época en que las violaciones de las películas parecen movilizar tanta indignación como las reales, cuando se condena y se inhabilita por hacer chistes en Twitter y se confunde una pancarta irónica dentro de una obra de títeres con la opinión literal de sus autores, Adanti tiene el cuajo de defender a ultranza la ficción, toda la ficción, de esa Nada de La historia interminable que es la censura… y la autocensura.

La idea era publicar esta charla en un medio generalista con miles de visitas para dar a conocer al mundo a un interesante teórico sobre el humor, que lleva toda su vida adulta (es un decir) pensando en sus mecanismos de funcionamiento y que habla con conocimiento práctico y con ingenio. Finalmente no se pudo y hoy hacemos más bien lo contrario: usar a Darío para dar a conocer al mundo ‘La Paz Mundial’. Ni tan mal.

Eres muy simpático. ¿Te ha pasado alguna vez que alguien ofendido por algún chiste al conocerte haya cambiado de idea?

Es cierto, supongo que como siempre fui bajito y asmático encontré en la simpatía una herramienta de supervivencia que se adaptaba a mi formato. Y sí, sí me pasó de hablar con gente que estaba ofendida con nosotros, con Mongolia, y que sentándose a hablar desde la simpatía puede que no compartieran mis puntos de vista pero vieron que detrás de nuestro humor existe un método consciente de violencia simbólica, que no es personal.

Darío Adanti, fotografía de JEOSM @jeosmPhoto

¿En el show se ofenden menos que con la revista, al veros en persona?

Es cierto. El show es más ofensivo que la revista en cierto aspecto, la palabra oral y en directo es más contundente que el código gráfico, pero también te permite entender el gesto detrás de la sátira de manera más intuitiva. Pero es cierto que se nos han ofendido en los shows. Hay gente que se ha ido, si en el show no se van dos, tres, o cinco espectadores entonces no es un show de Mongolia… Gente que, suponemos, no conocen el ADN de la revista y han caído al teatro más por curiosidad que por comunión.

¿Os sorprenden los motivos de ofensa, o ya lo tenéis muy medido y jugáis con ello?

Con la revista hemos comprobado que la mayoría de los que se ofenden no la leen. Y en el show, los problemas más gordos, la manifestación en Cartagena en la puerta del teatro, por ejemplo, la hemos tenido con gente que solo sabía de nosotros por un cartel que vio en las noticias…

Lo tenemos bastante medido en cuanto a los cánones que ofenden a los sectores religiosos y conservadores, pero con el sector de la izquierda irracional, que yo le llamo la izquierda emotiva, nunca sabes con qué se pueden ofender, porque aunque te preocupes en contextualizar la barbaridad que dices y explicar claramente tu punto de vista, a ellos les ofende la palabra a secas, casi como algo místico, como tabúes modernos que son innombrables.

¿Cuáles, por ejemplo?

El problema es que las posiciones políticas son más un nicho de mercado personal, para hacer amigos, seguidores, etc., que un trabajo de pensar el futuro de lo que nos es común. Y si te posicionas como izquierda tienes que cumplir con cierto ‘packaging’ que te han vendido como de izquierdas en los círculos de pertenencia. Para ese sector acientífico de la izquierda, que no es nueva o vieja izquierda porque la hay en todo el abanico, tiene como tabúes todo lo que sean injusticias: pobreza, mendicidad, racismo, machismo…

A algunos los voy a empezar a llamar “la izquierda virtual”. Hablan de “pueblo”, “revolución”, “proletariado”… solo por la sonoridad de esas palabras y por lo que esas expresiones dicen de ellos mismos en primer término, idealizando lo que ellos colocan detrás de cada una de esas palabras o detrás de sus antítesis. La sátira agrega contradicción, y eso les molesta.

Te doy un ejemplo, el 1-O Edu Galán puso un tuit desde la cuenta de Mongolia que decía “800 heridos y un enfermo mental en la Moncloa” y hubo dos reacciones, por un lado alguien en Catalunya lo escribió en un cartel y, por otro lado, nos escribió un tipo muy ofendido con que nos metiéramos con los enfermos mentales…  Para este tipo de gente no importa que fuera una ironía sobre Rajoy y la represión del referéndum, solo ve el término ‘enfermos mentales’ y eso ya le ofende. Ya ves, la literalidad y las ganas de ofenderse sin entender la metáfora o la ironía son un clásico de esa izquierda emocional que no sabe ver lo que hay detrás de las palabras y que no se debe al materialismo sino al pensamiento mágico. Un chiste pasa tan rápido en la vida y en la realidad que ofenderse por un chiste es una frivolidad absoluta, es como ofenderse con un espejo por la realidad que refleja.

DARÍO ADANTI VISTO POR JOAQUÍN ALDEGUER

¿Crees que son tiempos especialmente malos para el humor?

No, creo que son tiempos peligrosos para todo porque son tiempos convulsos, con un cambio de paradigma bestial y la reacción que eso provoca, y el humor es el síntoma más claro porque necesita un código previo para ser entendido y por su espíritu de transgresión de las reglas. En estas épocas de angustia y confusión, de alienación absoluta, el pesimismo sobre la posible supervivencia del estado del bienestar, posiblemente la mejor síntesis entre capitalismo y justicia social y que fue fruto de la guerra fría, o la incapacidad de imaginar alternativas en esta nueva realidad globalizada, hace que occidente tienda a avergonzarse de lo racional, y hay un creciente misticismo que encierra una pulsión autoritaria.

Si vemos lo que está pasando aquí, vemos como el identitarismo ha suplantado al materialismo. La gente prefiere sentirse identificada con su origen, patria, raza, género, o sexualidad que con su posición en la pirámide económica que nos signa, cuando no hay nada que nos haga más iguales a todos. Lo que nos signa, más que cualquier otra cosa, es lo económico. Si eres parte de la élite, no importa ni tu raza ni tu género ni tu procedencia. Yo creo que es hora de reivindicar el legado del anarquismo, aquel que estaba contra el poder y que entendía que las patrias, las banderas, y las diferencias de género o de raza no eran más que supersticiones que servían para separar a la mayoría social y debilitarla.

¿Asociarías esos límites del humor con los populismos? Trump, Brexit, discursos del miedo…

Sí y a la vez no. No creo que la palabra ‘populismo’ sea mala de por sí. Es una palabra con muchos sentidos. Puede significar desde el hacer políticas para la mayoría social hasta el comunicar con términos populares. Si las políticas que se practican son para el bien común me parece bien que se comuniquen de forma popular. Luego está el otro populismo, el que mantiene las políticas de las élites pero maneja un discurso de odio que puede enganchar a capas populares alienadas. Ese es el populismo peligroso, el que me recuerda a Hitler o Mussolini.

El problema es que a la izquierda nos ha pillado anestesiados y colaboramos con ese estado de cosas desde la imposición moral de la corrección política, que es el nuevo sincretismo progre de la moralidad cristiana, y estamos tan alienados que creemos que estamos luchando por cambiar las injusticias desde el discurso cuando lo único que hacemos es ocultar el reflejo de la realidad en el lenguaje, anulando las palabras que representan las injusticias que no nos gustan. Desaparecen las palabras de esas injusticias, pero las injusticias siguen y las hemos elevado al rango de clandestinas, algo muy peligroso porque las mitifica.

A veces tengo la sensación de que tras la derrota del bando soviético en la Guerra Fría, la izquierda de occidente asumió que el precio a pagar para ser de izquierdas en una sociedad de mercado global era cambiar a Hegel y Marx por el horóscopo y Paulo Coelho. Perdimos la peligrosidad. Ya no damos miedo porque ahora somos, sobre todo, tolerantes… Tolerantes incluso con los intolerantes, como es el caso del Islam. Una izquierda materialista no puede perdonarle al Islam lo que no le perdona al cristianismo o al judaísmo. Yo soy ateo y que creo que todas las religiones siembran la semilla del fanatismo y nos dividen, no tengo nada contra quienes profesan una fe, pero sí contra el concepto de fe en sí mismo. Mientras algunos son exclusivamente islamófobos, yo soy religiófobo. Creo en la libertad de profesar la tontería que quieras, pero no que eso influya en que yo no pueda ejercer como ateo mis libertades que incluyen el reírme de las religiones.

Esa tolerancia que nos posiciona, ficticiamente, como superiores a los otros, tanto ante los intolerantes como ante los tolerados, nos requiere de una mentira peligrosa que pasa por el control del lenguaje. Pretenden que ya que nuestra sociedad comete esas injusticias, no utilicemos esos símbolos para representar las injusticias… Que es el mismo criterio de la derecha conservadora, “de ciertas cosas no se habla”, “ciertas cosas no se nombran”. Pero se hacen, se siguen haciendo…

Cierta izquierda es tolerante menos con todo lo que parezca ir contra el discurso tolerante oficial, ¿no?

Nos quedamos sin proyecto imaginario para contraponer al capitalismo y nos creímos que con solo utilizar nuestro derecho a la opinión ya estamos haciendo algo…. Y la opinión para mí no vale nada, es un derecho pero como todo derecho requiere una responsabilidad y esa responsabilidad es pensar. Y no se piensa, se opina. Eso es lo que pasa con el tema de los límites del humor. Todos opinan pero ninguno se toma el feliz trabajo de pensar qué es el humor, el objeto sobre el cual están opinando…

He visto en redes sociales una acusación contra Mongolia, dicen que “os tomáis muchas copitas” con los de Podemos.

¡Jajaja! ¡Qué va! ¡Si ni los conocemos realmente! Cuando hacemos los Mongolia Habla Con, que son charlas gratuitas con políticos, invitamos a gente de todos los partidos y algunos aceptan venir y otros no. Ese día nos tomamos cañas con ellos y con el público que ha venido a ver la charla, pero luego seguimos cada uno por su lado. No compartimos más que esas horas de la charla en público y las cañas o cena posteriores a ese acto puntual. Yo no tengo ni los teléfonos, ni quedo con ellos. Excepto el de Zapata, que viene del mundo del guion, el cortometraje y el fanzine, y en ese ámbito nos conocemos desde antes de que él fuera un personaje público.

¿Sí, invitáis a todos? ¿Y solo van ellos?

¡Te lo juro! Hemos invitado a todos, del PP, Ciudadanos, etc. E irán viniendo a medida que vean que es un formato interesante. Yo creo que el PP y Ciudadanos se terminarán atreviendo también. Aunque aún no lo hemos conseguido… Han venido Iglesias, Errejón, Irene Montero, Madina, Pedro Sánchez, Garzón, Sol Sánchez, Ana Gabriel, Xavier Domenech, Ignacio Escolar… Son los que han venido, los demás han rehusado venir, pero yo creo que terminarán por aceptar y charlar con nosotros.

¿Y tú crees que alguien de derechas se puede reír con Mongolia?

Si hablamos de la derecha conservadora, no. La verdad que es que no. Hubo gente de derechas que lo empezó a leer y le gustaba, pero apenas vio las portadas sobre Cristo o la Virgen ya no le gustó. Duró dos números… Un liberal sí. Pero un liberal de verdad, que no abundan. Los que se llaman liberales a sí mismos, en su mayoría, son conservadores en lo moral y neoliberales en lo económico, y no hay nada que me parezca más peligroso, más retrógrado y más símbolo del actual estado de las cosas aquí y en el resto del mundo que esa combinación. Es contra esta concepción conservadora-neoliberal contra la que hay que luchar. Y es internacional. Eso sí que, a diferencia de la conciencia de clase, terminó globalizándose. Pero los liberales son otra cosa. Ojalá la derecha española de raíz franquista desaparezca y sea reemplazada por un partido liberal, porque en temas como el feminismo, la libertad de drogas, los derechos LGTBI, puede haber consenso con la izquierda. No con los conservadores hijos del autoritarismo nacional-católico que destrozó este país durante casi medio siglo.

¿No crees que incluso para un liberal vuestra crítica está demasiado focalizada en el PP?

Seguramente sí, pero el problema aquí es doble: por un lado el PP es hijo de aquel autoritarismo nacional-católico, es el heredero del golpismo, es su proyecto, armado por los poderes locales del franquismo para seguir manteniendo el orden y los privilegios incluso en democracia, y en este sentido siempre serán blanco de nuestros dardos, al igual que la iglesia y la banca. Por otro lado la sátira tiene que repartir en relación al reparto del poder y la responsabilidad en la actualidad y los que están en el poder en determinado momento recibirán más por eso mismo. Pero repartimos a todo el mundo, y el día de mañana, cuando no esté el PP en el gobierno, repartiremos al que esté.

Hay mucho humor que parece más una forma de hacer campaña que de hacer reír. Como si la risa no fuera lo más importante. Creo que esto le pasa a mucha gente con Mongolia.

Pero es raro porque ninguno de Mongolia es militante de Podemos y de ningún otro partido, y somos muy críticos con ellos, como con todos los demás. Eso sí, hay que reconocer que los de Podemos siempre se han tomado muy bien nuestros chistes sobre ellos, incluso los más chungos y agresivos. Hasta nos han retuiteado. No es común eso en los políticos de otros partidos. Muchas veces este tipo de críticas que nos llegan al respecto lo que demuestra es que no han leído la revista, ni asistido a las charlas, ni visto el Musical. De hecho Podemos tienen una pata en diario Público y nosotros sacamos a relucir los trapos sucios de Roures, que es el dueño de Público.

En España hay dos problemas con la sátira. El primero es que no se entiende que la sátira no es humor a secas, no es ‘stand up’, la sátira es opinión política sincretizada, convertida en humor, y si ejerces la opinión política tienen que posicionarte y nosotros somos de izquierda materialista pero no partidistas porque la función de la sátira es la de ser el Pepito Grillo del poder. Es un género occidental clásico de crítica de lo que atañe a la polis. Desde Voltaire, Swift, Chesterton, Bierce…

Palabras mayores…

La sátira no es humor puro. Es una lectura de la realidad pasada por el sarcasmo, y es política porque atañe a lo que nos es común. Es la contracara del periodismo, cuenta lo mismo desde la farsa, usa los hechos del periodismo como materia prima de una hipérbole que construye una imagen deformada que desnuda la realidad. Lo dijo Swift: “La sátira es una especie de espejo donde el espectador descubre todas las caras menos la suya”. Y cuando descubre la suya, por lo general, se cabrea, porque ve que lo que él considera ‘normal’ se ve deformado en este espejo.

O sea que no tiene nada de malo que la sátira sea primero arma política y después risa.

La sátira convierte la verdad del periodismo en un universal simbólico. El periodismo dice: “evadió tales impuestos”, “otorgó licitaciones a cambio de comisiones”, etc., y aporta pruebas… La sátira, como decía Darío Fo, desnuda al poder, y por eso la sátira siempre tiene el espíritu del pornógrafo y eso es lo que hace saltar las alarmas a todo tipo de puritanismos. A no ser que sea sátira a favor del poder, que también existe, pero esta falta de libertad producto de su posicionamiento le quita uno de sus mayores valores, que es el del eterno hereje…

Dices que, para la opinión pública, el satírico bueno es el satírico muerto. Supongo que estaréis hartos de que os comparen con cosas apolíticas o menos combativas, como La codorniz, por ejemplo…

Sí, lo que cuento en el cómic, mi compañero y socio Rapa advirtiéndome cuando hicimos la revista de que nos caerían palos de todos lados, es absolutamente cierto. Pasado el atentado contra el ‘Charlie Hebdo’, a esos mismos que defendieron el derecho de Hebdo a poner en portada lo que quisieran, ya les deja de gustar el Hebdo y se ofenden con sus portadas sobre Elián o el terremoto en Italia. Hoy recibí un tuit que es muy característico de esta izquierda que se vende como producto de izquierda a sí misma pero con muy poca lectura política detrás. Me escribieron que “nada peor que el humor cuando no es inteligente ni responsable”. ¡Una tontería absoluta! No le contesté pero se me ocurren mil cosas peores: la corrupción política, el poder de la banca o el votar sin haber leído las propuestas económicas del partido al que estás votando, por ejemplo. Son tópicos sobre el humor que comparte la izquierda emocional y la derecha conservadora.

¿Y el humor no es por principio una pequeña gamberrada, algo opuesto a la responsabilidad?

Sí, sin duda, el humor esconde esa vocación de caos y no se puede pedir responsabilidad en algo que es una representación simbólica. Es como pedirle responsabilidad a Salman Rushdie por haber escrito ‘Los Versos Satánicos’. Y aquí se produce otra confusión… Cuando un maltratador agrede a su víctima con una ironía no está haciendo humor ni sátira, está usando las palabras y los símbolos como una herramienta real de su arsenal de sadismo, ahí la agresión es real. Del mismo modo que es real la agresión cuando un desconocido te dice algo agresivo en la calle, porque es el preámbulo de algo tangible y material, una agresión real. No es comparable con algo que pasa en un contexto de interpretación de ficción como una novela, una revista satírica o una obra de teatro. Y esa confusión entre lo real y la representación fue, según Hannah Arendt, una de las características de los autoritarismos. El humor en una revista, cómic, teatro, libro, es una ficción y si usa nombres reales no dejan de ser personajes de ficción. No es el verdadero Rajoy el que se resbala en una tira cómica, no es la verdadera Merkel la que habla desde el escenario de una obra teatral. Hacer pasar esta frontera de lo real y la ficción como inexistente es puro pensamiento autoritario.

Me gustaría que recordaras el chiste aquel que nos explicaste en tu charla sobre el humor en la librería La Central, reírse de los torturados…

Les conté dos ejemplos durante la represión del golpe militar en Argentina en 1976.

Según tu punto de vista, no eran humor, porque en ese contexto estaba claro que no buscaban la risa compartida.

Había un concurso de canto en la tele en aquellas épocas que se llamaba ‘Si lo sabe cante’. En el campo de concentración de la dictadura de la Escuela de Mecánica de la Armada, los torturadores habían escrito en la pared de una de las salas de tortura: “Si lo sabe cante”… porque “cantar” en argot es delatar.

¿Y no crees que eso también es humor, aunque sea inmoral y su intención primaria sea hacer daño?

¿Era un chiste? Sí, pero su contexto no era lo humorístico, no buscaba hacer reír a su víctima sino acrecentar su terror. Es como usar un libro para pegarle en la cabeza a alguien.

Eso es. Pero entre los torturadores se reirían…

El torturador no se reía del chiste, en realidad le daba placer el dolor ajeno, y no el placer del otro. El humor como ficción es un juego en que ambas partes pactan jugar, no importa lo sucio o vulgar o bestia que sea. Es como el sadomasoquismo, es un juego sólo cuando los que participan en él estén ahí por voluntad propia. Y el otro chiste es el de la escritora, periodista y editora Piri Lugones, hija del comisario Leopoldo Lugones, el inventor de la picana, la máquina diabólica de tortura que consiste en aplicar electricidad en los detenidos. Piri era militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que terminaron fundiéndose con Montoneros. Fue secuestrada por la dictadura en el ’77 y cuentan que mientras los verdugos la torturaban con la picana que había inventado su padre, ella les dijo: “¿A esto llamáis torturar? Torturar de verdad es lo que hacía mi padre”…

Este tampoco es un chiste con la voluntad de compartir la risa, de dar placer al otro o de ejercer una crítica, es una forma de mantener la dignidad desde la ironía cuando tus verdugos están haciendo todo lo posible para quitarte toda dignidad.

Y si lo importante es el placer del otro, ¿no podría ser que fuera un chiste más puro y más perfecto aquel que no hiciera daño a nadie?

El humor como ficción es el espacio simbólico donde podemos ser sucios, malvados y miserables, es el espacio controlado de nuestros bajos instintos. Creer que el ser humano es bueno per se y que no necesita ninguna ficción para descargar su maldad es creer que el ser humano no proviene de la naturaleza sino de un Dios creador de seres angélicos. Además, ¿qué es hacer daño si se habla de una ficción que se presencia voluntariamente?

No es el caso del campo de concentración argentino, en la sala de torturas, aquel dolor era muy real y provocado por los mismos que habían escrito aquello en esa misma pared.

En la vida real, fuera de la ficción, todos esos instintos hay que reprimirlos por el bien común. Además, muchas víctimas de sucesos atroces, tortura, violación, mutilaciones, etc., necesitan del humor negro o bestia, es una forma sana de rebelarse contra la propia tragedia y de no situarse signada o signado de por vida por aquel que ejerció la violencia sobre nosotros. Conozco a muchas amigas y amigos que pasaron por eso en las dictaduras latinoamericanas, tortura, presidio, violación, y se plantan mediante el humor en una posición más sana que dice: “yo no soy lo que quedó de la tragedia y no tengo la obligación de estar vinculada eternamente a aquel suceso ni aquel suceso es lo que me define como persona”.

Como Irene Villa. Y ya que estamos en ETA, ¿qué opinas del tuit de Strawberry sobre Ortega Lara? Me refiero a cuando dijo “Deberían secuestrarlo ahora”.

Creo que es un tuit. Sólo eso. Y un tuit es como un comentario en la barra de un bar entre amigos pero con muchas personas escuchándote. Un comentario así se puede escuchar en cualquier reunión de amigas y amigos en un bar. Alguno se horroriza, otro se ríe, y se pasa a otro tema, no tiene más peso en la realidad que un bostezo. Como mucho alguien te suelta un “qué bestia” y ya está. El problema es que lo que no nos gusta no nos basta con tener la libertad de no seguirlo o escucharlo o leerlo, queremos que desaparezca. Las redes han demostrado que los seres humanos somos mucho más infantiloides y caprichosos de lo que sospechábamos, el autoritarismo sigue ahí, late en la supremacía actual de la opinión… Además, el chiste funciona a unos niveles neuronales que son incontrolables. Si algo funciona lo clonaremos, no podemos evitarlo. Los chistes son como virus narrativos y lo son por su estructura, no por su contenido.

¿No hay algunos que pueden usar la excusa de “es un chiste” para decir cualquier barbaridad? Si Irene Villa se mete en Vox, que fue lo que originó el tuit sobre Ortega Lara, alguien podría decir “ojalá le volaran las piernas ahora” y defenderlo como chiste.

Que algo sea humor no significa que sea bueno o malo, deseable o no, significa que entra dentro de alguno de estos parámetros que llamamos humor y que son muchos, muy distintos y con diferentes intenciones.

De todas formas, como teórico del humor está claro que no vas a defender que hay “buen gusto” y “mal gusto”, pero habrá cosas que te incomoden a ti, personalmente. Cuando yo hago chistes, por ejemplo, no me sale reírme de los defectos físicos de la gente, ¿te pasa algo parecido?

Realmente no hay temas que me molesten ni en el humor ni en la ficción, pero sí que soy bastante exigente en la originalidad del planteamiento cómico, igual que hago con la literatura, el cine, etc. Tomando tu ejemplo de los defectos físicos, no se trata de no burlarte de los defectos ajenos, se trata de que la burla te incluya a ti como igual de imperfecto que el otro. Entonces he encontrado algo gracioso: el político que detesto se parece a mí en que los dos tenemos defectos. Ese es mi ideal de comedia.

Como eres argentino, supongo que algún lector enfadado te habrá dicho algo como “vete a tu país, que de la política española no tienes ni idea”.

Tuve algún encuentro con skinheads nada agradables cuando llegué a Barna en el 96, pero no tenía que ver con que hiciera humor sino solo por condición de inmigrante, algo que se nota en mi acento. Realmente me salvó la policía. Es muy curioso que gente de izquierda me ha increpado por algún chiste llamándome “racista” y al decirle que era argentino, el otro, tan tolerante con la inmigración, me saca toda la retahíla de prejuicios contra los argentinos: cantamañanas, etc., etc. No caen en la cuenta de que eso también es racismo.

Esto se ha disparado en estas últimas semanas con el conflicto del referéndum en Catalunya. En veintidós años que vivo aquí haciendo humor me había pasado poquísimo, dos o tres veces, pero estas últimas dos semanas, y haciendo humor sobre el tema de la independencia y de la reacción represora del Estado español, no han dejado de caerme recuerdos de mi condición de extranjero, unas veinte veces en apenas dos semanas. Me lo han dicho desde perfiles del nacionalismo español y del nacionalismo catalán.

Hubo uno que me dijo, en la calle, y con muy buenos modales, por cierto, que qué hacía yo riéndome de los problemas de España con lo que «tenéis vosotros montada allí en Argentina». Le respondí que pagar impuestos durante más de veinte años aquí me daba derecho. Y otro que, desde el anonimato de las redes pero desde un perfil indepe, me acusó de traidor porque “cuando llegué a Barcelona me dieron trabajo en El Jueves y ahora que vivo en Madrid me permito criticarlos como buen traidor»… Ya ves qué mensaje más asqueroso, me dieron trabajo por piedad, no porque me lo ganara con mi esfuerzo, y hacer humor es igual a ser traidor…

Muchos me preguntan por qué sigo teniendo acento argentino cuando hace tanto tiempo que vivo aquí y les respondo que yo hablo para entendernos, no para disimular mi procedencia. En este sentido, aunque tenga rasgos europeos, tengo un punto de negritud en mi acento, porque es eso lo que me convierte en ese «otro», en el extranjero, en aquel que tiene menos derechos. Esto no es ni mejor ni peor, simplemente es.

Tenemos que ir acabando, pero… ¿por qué Hitler es más gracioso que Stalin?

Jajaja. Yo creo que Hitler tenía un look más propicio para la iconografía paródica. Pero es probable que Hitler sea nuestro pecado, el de occidente, nuestro monstruo, y necesitemos exorcizarlo más que al otro, que a Stalin, que era el monstruo del otro lado de las cosas.

Uno de los temas más polémicos ahora es todo lo que rodea al sexo y al género, la acusación de machismo es de las que más preocupan a los humoristas. ¿Qué opinas de esto?

Por un lado tenemos una injusticia atroz sostenida históricamente contra la mitad de la población. La mitad de nosotros no tiene los mismos derechos que la otra mitad solo por su condición de género. ¿Existen chistes machistas, sexistas…? ¡Claro que sí! ¡Está lleno! El humor popular puede ser admirable por la depuración de sus formas pero también puede ser despreciable porque su contenido representa nuestros males más arraigados y generales. Se puede ejercer la crítica al humor, lo que es peligroso es creer que el humor es, de por sí, el problema. El humor puede normalizar un horror o, por el contrario, puede reflejar el horror de lo normalizado. Una vez más, depende del contexto que, en el caso del humor, es el medio y el humorista.

Con respecto al miedo a que te acusen de machismo, de racismo, etc., es parte del precio a pagar por hacer algo público: el ser juzgado en público. No nos podemos quejar porque hay oficios con precios a pagar muchísimo más altos. Creo que el problema es que el juicio se mantenga invariable más allá de las alegaciones del acusado. Es una perversión cultural generalizada, no solo en el humor, y consiste en considerar que el que se explica se está justificando y que la defensa es la prueba misma del delito. Mientras crezca la conciencia contra lacras criminales como el machismo, la homofobia o el racismo, no tengo problema de pagar ese precio porque es diminuto. No tengo problema en explicar mis chistes siempre y cuando el que pida explicaciones tenga la voluntad de escuchar y no sólo de señalar y pedir la hoguera.

¿Crees que las mujeres tenemos más o menos límites que vosotros?

Creo que a las mujeres se les imponen muchos más límites y prejuicios que a los hombres, como en el resto de las industrias y en la sociedad en general. No los tienen, se los imponen. Tal vez por eso, y porque el humor conlleva el ADN del mal comportamiento, las cómicas y humoristas incorrectas, deslenguadas y de humor salvaje como Malena Pichot, Charo López o Patricia Sornosa, me resultan doblemente rebeldes y mucho más valientes y eso, para mí, es un plus en el humor y en la expresión artística en general, porque si el humor se basa en la sorpresa, a mí el humor que parte de la testosterona pura y dura me resulta tan trillado que no me sorprende y no me interesa. Sí me interesa alguien como Louie Ck porque cuenta la contradicción humana, una vez más no es el tema a tratar sino la mirada de quién lo trata y su contexto.

El verdadero problema, el mecanismo perverso de la sociedad de mercado globalizada, es este: no importa la buena intención que tengamos, mientras consumamos más la polémica sobre el humor de Cremades que el trabajo de cómicas y humoristas que intentan sumar nuevas y originales voces al humor, seguiremos fijando en el imaginario colectivo la mentira estúpida de que el humor pertenece a lo masculino, y ese es un límite que le estaremos imponiendo a la mujer, y es un límite que le estaremos imponiendo al humor al privarlo de la riqueza y variedad de todas esas voces que no rastreamos por comodidad, por inercia o por prejuicio. Si amas de verdad a la comedia, la comedia habla por sí misma, y ahí no hay ni género ni raza ni ninguna otra diferencia que no sea la construcción propia de lo cómico.

Dices que la inmortalidad solo se consigue muriendo, y que por eso entre otras cosas ahora muchos defienden a ‘Charlie Hebdo’ aunque no la hayan leído nunca. ¿Crees que algunos de tus chistes, o los de Mongolia, se apreciarán mejor dentro de veinte o treinta años?

No lo sé, creo que si tenemos lectoras y lectores fieles y si el show funciona cada vez mejor, es porque muchos nos entienden en tiempo presente y eso es una suerte. Cuando haces algo no puedes esperar que todos te entiendan. Ojalá alguno de los que no entienden nuestro humor hoy sí lo hagan cuando hayamos desaparecido, pero no doy nada por seguro y, en todo caso, ¿de qué nos servirá? Nada de lo perdido regresa, lo muerto no resucita por nada, ni por la comprensión ni por la nostalgia.

 

 

 

 

1 Comment

  1. PKK

    octubre 24, 2017 at 12:21 pm

    Darío Adanti, uno de los intelectuales (sí, intelectuales) de referencia en este país. Por favor, necesitamos que te expongas más en prensa, radio y TV. Es admirable tu capacidad innata para hacernos pensar.

    ¡Salud!

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