Entrevista a Juan Cavestany: “En el humor no debería haber límites”

Es posible que no me creáis, pero Juan Cavestany escribió el guión de una gala de los Goya. En 2003: precisamente aquella vez que la farándula patria le sacó la lengua, y más cosas, al gobierno Aznar, a propósito de la guerra de Irak. Hombre de teatro (forma parte del grupo Animalario) y guionista de películas como Los lobos de Washington o Guerreros, Cavestany escribió y dirigió a cuatro manos, junto a Enrique López Lavigne, El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004), aquella menospreciada comedia en la que Javier Gutiérrez y Santiago Segura interpretaban a dos pijos madrileños de los ochenta, tristes pero entusiastas, que querían ir a un concierto de Mecano y ser felices. En 2008, Cavestany firmaría ya en solitario otra comedia negra, Gente de mala calidad, pero es a partir de Dispongo de barcos, en 2010, cuando su trayectoria como cineasta pega un giro si no inesperado cuanto menos sorprendente. En 2012 llegaría El señor, mediometraje que el director distribuiría a través de Internet, previo pago de 3 euros, y este año ha presentado en Sitges (tras pasar por Toronto y San Sebastián) Gente en sitios, la hermana mayor de las otras dos, o al menos la más ambiciosa.

Son películas “hechas a mano”, como podemos ver en los créditos iniciales de las mismas, en las que, haciendo de la escasez virtud, Cavestany nos habla de la extrañeza ante el otro, de la soledad (incluso cuando no estamos solos) y del humor. Y de unas cuantas cosas más. Son películas atmosféricas, que tienen algo misterioso, inasible, y al mismo tiempo son muy divertidas. Tuve un cuarto de hora para hablar con Juan Cavestany, en el pasado Festival de Sitges, y lo que sigue es lo que me contestó a las preguntas que le hice. Una versión algo reducida de esta entrevista apareció en el periódico del festival.

JUAN CAVESTANY VISTO POR JOAQUÍN ALDEGUER

¿Cómo surge la estructura episódica de Gente en sitios?

Las fuentes de la película son de distinto tipo. Una parte son escenas que ya tenía escritas y he ido recuperando, y otras cosas las he escrito sobre la marcha, según la película iba creciendo. Y luego, hay otra parte del material que surge de anécdotas que he hablado con gente con la que quería trabajar, algunas de estas personas me contaron ideas que me atraían y las hice con ellos. La película es como el diario de un periodo de trabajo de seis meses. Luego, para lo que es la estructura, en el montaje había que darle un orden y una coherencia a todo.

¿El montaje surge sobre todo en la sala de montaje o es algo que ya tienes en la cabeza?

A medias. Había muchas escenas que yo sabía más o menos el sitio que quería que ocuparan en la película, pero también hay mucho trabajo también de prueba, de ir cambiando el orden… el montaje fue muy definitorio para la creación de la película en el sentido de que son viñetas sueltas y se podrían ver en principio por separado, pero había que crear una sensación de viaje.

Tanto Gente en sitios como El señor o Dispongo de barcos me crean esa sensación… el montaje les da mucha atmósfera.

Totalmente. Estoy de acuerdo, y además creo que el montaje tiene un punto caótico, sucio. Para mí, estas películas están muy vivas en el montaje, como si se moviesen.

¿Rodaste alguna viñeta que cayó de la película?

No cayó ninguna. Lo que sí es verdad es que la película se rodó entre enero y julio de este año, pero el verano pasado había rodado dos escenas que no me parecieron un buen arranque. Paré, dejé pasar el tiempo, en enero volví a empezar, y desde entonces todo lo que grabé está en la peli.

¿Cómo confeccionaste el reparto, que está lleno de caras conocidas?

De forma muy espontánea y azarosa. Hay gente muy conocida con la que yo he coincidido anteriormente o con la que me apetecía trabajar y los he ido llamando poco a poco. También hay otros que no son actores, o que están estudiando interpretación. Me interesaba esta mezcla. Nunca he querido que la película fuera una colección de caras famosas. De hecho, no la estoy vendiendo así. Más bien, creo que el reparto es una pequeña sorpresa.

httpv://www.youtube.com/watch?v=quGqzX609KI

Ahí tenéis un tráiler de Gente en sitios

¿Crees, como dice el personaje del taxista que habla del asco y la repugnancia, que la mayor parte del tiempo somos animales bastante detestables?

Vivimos bastante animalizados, la verdad, bastante sujetos a instintos muy poco elaborados y muy básicos. Parecería que, en los momentos de crisis, uno se animaliza un poco y busca las salidas fáciles. De todas formas, Juan Carlos Monedero, el que dice eso, es politólogo y profesor universitario. Le dejé hablar de lo que él quisiera. Conozco su discurso porque he coincidido con él varias veces, así que yo solo lo fui guiando. Y luego me pareció que de una forma bastante mágica o extraña conecta con muchas cosas de la película. Su intervención sirve casi de resumen de lo que subyace en las demás escenas.

¿Hay más casos en los que dejaras improvisar a los actores?

Sí. En la escena de Coque Malla, él interpreta a un personaje que ya ha hecho otras veces, un tipo muy marginado, muy tirado. Y le dejé hacer lo mismo, aunque igual que en el otro caso, yo le iba guiando, le hacía como una entrevista. Pero ninguna de las dos escenas está escrita, están hechas sobre la marcha.

Tu anterior película, El señor, la distribuiste directamente por Internet, previo pago de tres euros. ¿Cómo fue esa experiencia?

Yo creo que salió mal y fue algo muy pequeño, pero gente que tiene más experiencia que yo en el negocio digital y la distribución de la cultura me dijo que no estuvo tan mal. A mí me gustó porque el hecho de decidir hacerlo así tuvo una cierta repercusión. Financieramente no me dio nada, incluso perdí algo de dinero, pero nada significativo, y era un experimento más que una estrategia bien pensada. Era como vender cosas que tienes en casa por eBay. Pero, con Gente en sitios, ya a mitad de rodaje pensé que era una película un poco más ambiciosa que Dispongo de barcos y El señor, que podía llegar a más gente. Creo que el objetivo último del cine es ser visto y llegar. Para mí, el viaje de El señor fue como llegar a un callejón en el que no quería seguir metiéndome, no quería hacer pelis que sólo vieran mis amigos.

¿Cuáles son para ti los límites del humor, hay algo sobre lo que, definitivamente, no se podría hacer humor?

Creo que no hay límites o que no debería haberlos. Incluso cuando veo algo que me incomoda o que no me gusta, no me parece que el problema sea que eso no deba verse. De hecho, puede que haya algo que me afecte porque está relacionado con mi vida personal, sin que ese tema sea necesariamente tabú. Pero eso no puede cuestionar el derecho a hacerlo. Ahí soy bastante despreocupado.

Para hablar de tus últimas películas, a menudo se ha señalado que tienen reminiscencias muy lynchianas. ¿Estás de acuerdo con esta apreciación?

Me gusta mucho David Lynch, y sus películas me inspiran en lo intelectual y en lo estético. No me pongo a hacer películas a ver si me sale algo así, porque las suyas tienen planteamientos muy distintos. Pero supongo que hay rasgos comunes. En el fondo, se trata de recursos muy elementales: atmósferas, buscar efectos de sonido…

Las tres películas que has hecho después de Gente de mala calidad están “hechas a mano”, tal y como se indica al principio de las mismas. ¿Te apetece volver a trabajar en una producción más grande?

En parte, me apetece, porque sería el síntoma de que se puede seguir haciendo cine. Pero me temo que no es posible. No creo que pueda volver a hacer ese tipo de películas de mayor presupuesto. A la vez, el viaje que he emprendido con las últimas películas que he realizado implica malacostumbrarse a hacer las cosas de una manera. Me va a costar volver a un esquema más convencional. Me gustaría poder encontrar un término medio. Creo que Gente en sitios apunta hacia ese posible término medio, es una película hecha con muy poco, pero que puede llegar a más gente.

¿Algún proyecto nuevo del que nos puedas hablar?

No. Ahora mismo estoy en el teatro, que es lo que me da cierta estabilidad, y me apetece volver a hacer algo con Luis Bermejo, que es un amigo y actor con el que me gustaría estar rodando siempre.

No me pasaré toda la tarde de domingo decidiendo que foto de Cavestany subir. Esta bastará.

Toni Junyent (Igualada, Barcelona, 1983), si más no, logró licenciarse en Periodismo al mismo tiempo que iba envenenando su alma con cine raro. Lo único que hemos visto de él hasta el momento son sus colaboraciones como articulista en lugares como Contrapicado, Miradas de Cine o H Magazine. Toni es uno de los responsables del legendario cortometraje 'Avui Follem', obra que marcó a una generación. Interpretó tres papeles distintos (que desaparecieron del montaje final) en '¡Maldito Bastardo!', la opera prima de su amigo Javi Camino, con quien volvió a unir fuerzas para gestar ‘Un chico raro’, un corto desviado que nos desvela que, mucho antes de que este blog naciera, Toni quería ser detective privado.

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