¿Es Lena Dunham una zorra caprichosa y sin talento?

En un artículo relativamente reciente, descubrí no sin cierta sorpresa como Camille Paglia, sustituta natural de Susan Sontag y beligerante contraria al feminismo propugnado por McKinnon y Dworkin -hasta tal punto de, vistas los derroteros que ha tomado el movimiento en los últimos años, ha llegado a renegar de su condición de feminista- cargaba contra Lena Dunham, su supuesta visión de la mujer y su serie GIRLS, que se ha convertido, para bien o para mal, en una piedra de toque insoslayable para entender la televisión y los problemas sociales de las clases medias altas en los últimos años. En su libro Free women, free men, Paglia ahonda en el problema considerando a Dunham una neurótica disfrazada de feminista y cuestionando sus puntos de vista sobre el heteropatriarcado, las violaciones o el género fluido. No sé si cuando dice esto Paglia está confundiendo un poco a Dunham con Hannah, su personaje, y trata de vendernos una serie que en todo momento juega a la ambigüedad y a la multiplicadidad de perspectivas como un drama moralista que lanza al espectador mensajes claros y unidireccionales. En este sentido, pese a estar producida por Apatow, GIRLS anda bastante lejos, por ejemplo, de 13 reasons why, que sería un equivalente moderno y hardcore a aquellos libros del tipo Pregúntale a Alicia (que por cierto, me encanta coleccionar, junto a los de la jovencita alcohólica Sarah T. y la problemática Chris de Nacida Inocente y sus secuelas). Entendiendo la crítica de Paglia, considero que el fenómeno Dunham en sí mismo es mucho más complejo y polivalente. Así que por una vez me permito discrepar de ella. Además, tampoco estoy de acuerdo en que Madonna sea el principal referente del feminismo actual. Quizá por ser de otra generación, yo siempre he sido más de Miley Cyrus, incluso cuando era Hannah Montana. Y hablando de Hannah, sigamos con GIRLS…

En el pasado nadie se planteaba si la adolescente que hacía de Blossom era en realidad como Blossom. Todo el mundo tenía clara la idea de la separación entre realidad y ficción. Sin embargo, en los últimos años, esta realidad se difumina. Larry David, con Curb your enthusiasm, y Louis CK, con Louie, juegan a construir universos paralelos en los que se interpretan así mismos, pero escogen la parte de ellos que les interesa que se reflejada en pantalla, principalmente según las condiciones narrativas de cada capítulo. Muestran un nivel de oscuridad y patetismo aceptable dentro de unos límites. Y son divertidos cuando convienen serlo, y justamente patéticos cuando así es requerido. Encuentran un equilibrio entre humor, dramatismo, cotidianidad y patetismo que no sólo define a sus personajes, sino también su discurso. Algo diferente es el caso de Rachel Bloom en Crazy ex-girlfriend, Maria Bamford en Lady Dynamite y Sarah Silverman en The Sarah Silverman Program. Bloom, Bamford y Silverman son humoristas antes que actrices, y como tales, hacen de sus series un stand-up narrativo e inenterrumpido, sin aplausos ni risas enlatadas, interpretando a una versión grotesca, exagerada, pero siempre divertida de sí mismas, pero sin profundizar en los aspectos negativos u oscuros de sus personajes. Su principal meta es la comicidad, y por tanto, no les interesa ahondar en el lado dramático de sí mismas, como mucho permitir que los intuyamos a través de breves detalles. Y aunque Sarah Silverman interprete a Sarah Silverman en The Sarah Silverman program, todos sabemos que la Sarah Silverman que aparece esporádicamente en Louie hablando de sus depresiones y de sus trastornos de ansiedad está más cerca de la realidad. Su serie, como en el caso de las otras dos humoristas, no son más ni nada menos que un retrato de colorines de esa misma realidad, como una versión dulcificada e idílica, casi onírica, de como a ellas les gustaría ser vistas por la audiencia y sus seguidores, una vez que ya practicamente se han convertido en sus personajes y estos personajes han obtenido el beneplácito y los parabienes de la audiencia.

El caso de Lena Dunham es híbrido y por tanto mucho más complejo e interesante. Dunham asume unos riesgos que otros humoristas no hacen. En primer lugar porque ella no es humorista; es la creadora, principal guionista y actriz central de una coral que repele y al mismo tiempo repele y se enorgullece del adjetivo de generacional. Su caso está más cercano al de Ricky Gervais, con la salvedad de que el público ya ha visto a Gervais en suficientes papeles diferentes -por no hablar de su faceta de showman, o de humorista-, como para no identificarlo del todo con un personaje único. En este caso es imprescindible remarcar la figura y labor de Apatow como demiurgo y gurú. El director de Lío embarazoso logra un especial entendimiento con su estrella potencial y logra/sabe canalizar toda su energía y angst juvenil en un producto revulsivo, que reflejo el espíritu de su tiempo y vaya a la vez a contracorriente. Tiny Furniture, la ópera prima de Dunham, si bien presentaba alguna de los constantes desarrolladas con más fortuna en GIRLS, no era un producto especialmente innovador, ácido o crítico con su generación. En GIRLS, Apatow logra canalizar todas las ganas y necesidades de Dunham de hacer terapia para crear un alter ego complejo, Hannah, que es y no es ella misma, y que muestra los arcos narrativos típicos de un personaje de ficción y a la vez funciona como espejo grotesco y distorsionado de las virtudes, pero también de los defectos, carencias y debilidades de la propia Dunham. Sería injusto, de todos modos, situar a Apatow como responsable de todo el mérito del producto. Muchas veces Dunham se lo lleva a su terreno, adapta e interioriza sus ideas, las mejora, incluso las lleva más lejos, al borde del precipio, mostrando una carencia absoluta de pudor para sí misma. Llega un momento que Apatow sirve únicamente de incentivo y la serie rueda sola. Dunham ha entendido perfectamente de qué va la cosa: de desnudarse emocional y físicamente, de mostrar tus tripas a la audiencia, sin perder el ritmo de una trama y las exigencias de un producto televisivo que conecte con un cierto público potencial.

El resultado de la iniciativa Dunham/ Apatow es explosivo. Como decíamos, Hannah es Dunham y a la vez no lo es. Es un alter ego monstruoso, que representa muy bien sus virtudes -ese entusiasmo juvenil por la creación, ese romanticismo disociado a su tiempo- pero también con más claridad sus taras. El público empatiza con Hannah porque representa lo mejor y lo peor de ellos mismos, lo mejor y lo peor de lo que quieren / temen llegar a ser. Y Hannah logra caer bien a fuerza de caer mal muchas veces, de equivocarse, de cometer errores, de hacer maldades, de tomar decisiones equivocadas y en muchos casos conscientemente perjudiciales para sí mismo o para su entorno. Sus evidentes defectos refuerzan su humanidad. Dunham no posee precisamente un físico acorde con los cánones de sus tiempo, pero en la serie lo desnuda en múltiples ocasiones, a menudo con intenciones cómicas incluso grotescas, otras veces buscando su esquinada y disfuncional belleza. A fuerza de mostrarlo llegamos a encontrarlo bonito, incluso atractivo y deseable. Pasa lo mismo con los defectos de Hannah; Dunham se las apaña muy bien para mostrar todos sus fracasos, sus frustraciones y debilidades para que, con el tiempo, lleguemos a querer a Hannah, incluso a pesar de Hannah, sin desear para nada estar en su piel, y esto es lo que diferencia GIRLS principalmente de cualquier serie generacional al uso. Como a cualquiera de nuestros amigos reales.

Por eso GIRLS no es sólo una serie de y para chicas. De hecho los hombres son público objetivo preferente y fácilmente vulnerable. Un hombre que ve GIRLS – a quien escribe esto le ha pasado- atraviesa varias etapas, que van del odio a la fascinación, del enganche al malestar general. Ver GIRLS es como tener una relación con Hannah, una relación tóxica, enfermiza y absorvente que atraviesa por valles y barrancos, que te provoca heridas profundas y cuando desaparece te jode la puta vida, pero que no dejas de echar de menos porque sabes que eres un superviviente y que tus arañazos te han curtido. Y ese es el gran mérito de Dunham.

Pero GIRLS es mucho más que Hannah. Astutamente está planteada como serie coral, pese a que su personaje central sea tan egocéntrico y abrasivo que las más de las veces mande al garete la mayor parte de las tramas paraleras o complementarias. Pero también está Marnie, la pija, un personaje con el que te resultará imposible empatizar y que representa el lado más aleatorio, cruel y caprichoso de su protagonista. No en vano es su mejor amiga. En la vida real las Marnies suelen pasar por mi vida escupiéndome a los ojos, pero tampoco envidio especialmente a los que las tienen como pareja. Mucho más que Hannah, Marnie es un súcubo, un vampiro de energía y entusiasmo y la actriz Alison Williams sabe matizar cada rasgo de su retorcimiento. Viéndola, por ejemplo, en la magnífica Déjame salir, es imposible olvidarse de Marnie, como es imposible no encontrar su maldad intrínseca atractiva y sexual, de una forma cien por cien malsana.

Shosanna quizá sea mi personaje favorito, porque es Marnie pero con un matiz caricaturesco que la redime al menos antes mis ojos. Es tan hija de puta como ella, pero con mucho más encanto, con un rasgo si se quiere incluso autoparódico. Por eso no es de extrañar que la actriz que la interpreta, Zosia Mamet, pueda aparecer en una serie de un universo completamente opuesto. la desopilante The Unbrekeable Kimmy Schmidt, parodiando su papel de hipster atravesada sin romper las reglas del juego. Con cualquier otro personaje, la broma no habría funcionado.

Finalmente, Dunham no es menos cruel con Jessa (Jemina Kirke), versión distorsionada e impúdica de la chica liberal y algo enloquecida, algo así como una hippie-hipster que simula darle todo igual pero luego cuando menos te lo esperas demuestra tener corazón, maldad y garras, pero también instinto de protección y venganza. No conviene dejarse engañar por su aparente buen rollo y esa actitud tan francesa de dejar a todo el mundo seguir su camino. Dunham sabe que Jessa también puede resultar herida, y por tanto también puede levantarse y hacer daño como la más rabiosa de las fieras. He tenido un par de Jessas en mi vida, sé de lo que hablo, y el inclemente retrato de Dunham es atrozmente real y una prueba más de la capacidad de su autora para la observación y la mala baba.

Curiosamente, tratándose de una serie a menudo considerada feminista, los personajes masculinos, homosexuales o heteros, a menudo presentan mayor entereza, moral y determinación de las mujeres. Incluyendo al salvaje e irresistible Adam, interpretado por Adam Driver, que pese a sus flirtreos con el lado oscuro y su evidente inestabilidad no pierde en ningún momento su empatía con el público.

Una de las primeras razones por la que empecé a detestar GIRLS por primera vez –mi primera crisis en mi historia sentimental con Hannah– fue que diseñaba una serie de estereotipos en un mundo laboral idílico (blogueros de élite, aspirantes a novelistas, redactores de revistas de tendencias) intentando demostrar que una alternativa viable y apetecible para una juventud crítica, entusiasta e inteligente. Pensaba en el tipo de gente a la que le enloquecía la serie en un país tercermundista como el nuestro, en el que es imposible ganarse la vida y pagar un alquiler con el sueldo que te proporciona una columna en una revista de tendencias (más bien, a día de hoy, el precio de un alquiler medio en Madrid equivaldría al salario por 54,4 columnas en revistas de tendencias mensuales y 113, 4 colaboraciones en blogs de prestigio) y no podía dejar de verlos como unos pobres ilusos, engañados por el glamour de las vidas ajenas. Conforme fui avanzando en la serie, me fui dando cuenta de que el universo de GIRLS no era una propaganda de la forma de vida hipster sino su más sangrante, velada y artera crítica y que en su complejo universo cabían las contradicciones, la sátira, el cinismo y la ironía, y que sus vaivenes, giros y vueltas de campanas no eran más que el equivalente al de una vida moderna regida por el caos y la desorientación. Tramas como las del parto en la bañera o la parodia del cine low cost experimental no dejan lugar a dudas; lejos de burlarse de sus contemporáneos abiertamente, Dunham los retrata como son y espera a que nos riamos o nos lamentemos de nuestra propia miseria. Por aquel entonces ya había caído rendido de rodillas ante los pies de Hannah.

El final de GIRLS. Fiesta de spoilers.

La sexta y última temporada de GIRLS no sólo regala alguna joya maravillosamente lúcida y cínica a la historia de la televisión -hablo, naturalmente, del episodio “La zorra de América“-, sino que tiene un desarrollo y una conclusión coherente con estos supuestos y sutilmente demoledora. Aquí es donde vemos la enorme diferencia que existe entre el mundo que veía Sexo en NY como su serie de referencia y el mundo que ve, siente y padece GIRLS. Sexo en NY quería y respetaba a sus personajes. GIRLS los desprecia. Lena desprecia a Hannah, podríamos decir incluso que se desprecia a sí misma, o al menos que desprecia a su alter ego, en lo que teme convertirse, o en lo que quizás, a estas alturas ya se haya convertido. Estas contradicciones y miedos de su creadora no hacen más proporcionarle entidad y fuerza al drama de la resolución de la serie.

Apatow, sobre todo en sus películas como director, es conocido por trazar retratos de personajes brillantes pero marginales que alcanzan la felicidad en cuanto asumen las responsabilidades de la adultez. Es exactamente lo que intenta hacer con Hannah, pero Dunham se le adelanta y pone los puntos sobre las íes. Porque es verdad que Hannah se asienta y llega a ser madre, pero madre soltera de padre ausente y nómada, para lo que tiene que renunciar parcialmente a sus sueños y a su vida de postyuppie y aceptar sin miramientos que la vida es mucho más dura y dolorosa que lo que su relativo ingenio de hipster marisabidilla profetizaba. El episodio final, con una Hannah viviendo su embarazo de una manera particularmente antipática y encolerizada, deja bastante claro las intenciones feroces de sus autores. Para sus amigas no hay mayor clemencia: todas llegan a alcanzar una cierta estabilidad perdida y fracasada renunciando a costa de renunciar a sus principales valores. Dunham es auténticamente cabrona con todas ellas, y solamente deja un resquicio de salvación, en un giro tan irónico como malévolo, para la buena de Marnie.

Y poco más. Uno termina las seis temporadas de GIRLS con la cabeza hecha un nudo y el cuerpo como un preservativo usado. Afuera, el universo femenino continúa siendo hipnótico, fascinante, cruel e imprevisible.

Pablo Vázquez (Santa Cruz de Tenerife. 1979) vive en Madrid desde que tenía 18 años. Durante este tiempo, ha sido fanzinero (Mudhoney, Adobo), colaborador en diversas webs de cine (Miradas, Fanzinedigital) y ha publicado cuatro libros: "El frío de las camareras" (Ediciones de la Librería Cálamo), "Las chicas terribles" (Pre-textos), "Adam Sandler. La infancia infinita", coordinado junto con Roberto Alcover Oti, y "Buena suerte, Belafonte", escrito junto a Ricardo López Toledo. También ha colaborado en los guiones de las películas "Summertime", "Faraday", "Amor tóxico", "El cielo en el infierno" y "Call TV". Después de muchos fracasos personales, dio con la idea de La Paz Mundial con la intención de arrastrar a unos cuantos en su caída. Luego pretende retirarse y ser feliz.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *