ESPECIAL HALLOWEEN: Entrevista a Gary Sherman, director de “Subhumanos” y “Muertos y enterrados”

Me siento frente a Gary Sherman (Chicago, 1945) en el jardín del Hotel Melià, en Sitges, y lo primero que hace es señalar mi gorra verde con una estrella roja y preguntarme si tiene que ver con la independencia de Cataluña. Le respondo que no, que mi hermana me la trajo de Vietnam. Una palabra, Vietnam, que probablemente le trae recuerdos al director de Muertos y enterrados, que fue activista por los derechos civiles y que, de hecho, abandonó los Estados Unidos a finales de los sesenta para no tener que vivir bajo la presidencia de Richard Nixon. Editando esta entrevista para su publicación en LPM, se me ocurre que me hubiera gustado preguntarle si, proviniendo como provenía del activismo, cuando decidió abandonar el país no estaba sobre la balanza también la opción de quedarse y combatir a Nixon desde los movimientos sociales.

Ya no podré tener su opinión a ese respecto, pero, en todo caso, Sherman estaba exultante en Sitges. Venía como parte del Jurado Oficial del Festival, pero también a presentar la restauración de Death Line, su primera película de ficción, que llegó a España como Subhumanos. Una restauración que, además, como explica Sherman en la entrevista, es también un acto de justicia, sobre todo para con el público norteamericano. Y ha sido posible gracias a la colaboración de Blue Underground, la distribuidora de películas de culto que comanda William Lustig. Al cineasta norteamericano le resulta imposible ocultar su emoción al constatar que la proyección de Death Line en el Casino Prado de la ciudad catalana tiene lugar prácticamente cuarenta y cinco años exactos después de la premiere oficial de la película en el Odeon Victoria de Londres.

 

¿Cuando nace tu interés por hacer películas?

Entré tarde en el mundo del cine, al menos más tarde que muchos otros. No era algo a lo que le prestara mucha atención siendo niño. Fue cuando ya era más mayor, estaba estudiando Fotografía. Un día, encontré en un armario una antigua cámara reflex, la monté y le pregunté a uno de mis profesores si podía usarla para alguna de mis prácticas. En aquella época, yo trabajaba como músico de estudio en la discográfica Chess Records, y estaba haciendo los coros de un disco de Bo Diddley. Le pregunté a Bo si podía filmarlo, él aceptó y empecé a registrar las sesiones de grabación. Marshall Chess, al verme con la cámara, se interesó por lo que estaba haciendo y le comenté que era para un trabajo de clase. Me propuso que le hiciera una película sobre Bo Diddley, y le dije que no sabía hacer películas, a lo que me contestó que simplemente siguiera filmando que él ya se encargaría de contratar a un equipo. Así fue como terminé haciendo un documental que compraron setenta y cinco televisiones de alrededor del mundo, y a partir de entonces algunas compañías discográficas empezaron a pedirme que hiciera vídeos para sus grupos.

 

Vas a tener que ver unas cuantas películas aquí en Sitges, ya que formas parte del jurado oficial del Festival. ¿Qué cine sueles ver últimamente?

 Me encanta el cine de terror, lo llevo en el corazón. Pero, sobre todo, me gustan las películas que tratan sobre personas. Recuerdo que, cuando estaba rodando, no me gustaba ver películas de otros para que no me influyeran. Y ocurrió que, una vez, cuando estaba haciendo Se busca vivo o muerto, salía con una chica y esta me insistió para que fuéramos al cine. Fuimos a ver Hannah y sus hermanas, de Woody Allen. Era un domingo por la tarde y cuando salí de aquél cine, casi como si hubiera tenido una revelación, me sentí muy feliz de haber pasado un rato con esos personajes tan interesantes, se habían convertido en mis amigos. Aquella tarde pensé que de eso tratan las películas, de presentarte a gente. Crear personajes es lo que me gusta más de hacer cine.

Entre Death Line (1972), tu primera ficción, y Muertos y enterrados (1981) pasaron nueve años. Háblanos sobre ese paréntesis.

 Fue una gran experiencia hacer Death Line, pero me devastó el hecho de que, al ser distribuida en los Estados Unidos, se convirtiera en Raw Meat. Rodamos la película en Inglaterra y la distribuyó la Rank Corporation. Pero en mi país, los que habían financiado el filme lo vendieron a nuestras espaldas, como parte de un acuerdo para recuperar pérdidas de otras películas que no habían funcionado comercialmente, a la AIP de Samuel Z. Arkoff. Yo estaba orgulloso de Death Line, pero a la AIP no le interesó en absoluto la película y volvieron a montarla para estrenarla bajo el título de Raw Meat. Quien haya visto la original recordará el plano secuencia de siete minutos y medio. Arkoff dijo que su público no estaría siete minutos y medio mirando aquello y se lo cargó. También doblaron a Donald Pleasence porque decían que los americanos no entenderían su voz. El crítico de cine Robin Wood escribió un artículo, en el Village Voice, titulado “Butchered. Turning Death Line into Raw Meat”. En él aconsejaba a la gente que no fuera a ver la película que se había estrenado y que esperara a poder ver la original. Todo esto me dejó tocado y decidí que, si no podía hacer que se respetaran mis películas, lo dejaría y volvería a los vídeos musicales y a los anuncios, donde me sentía más bien tratado. Me había ido de los Estados Unidos para no tener que vivir bajo la presidencia de Nixon y, una vez este cayó, decidí volver.

 

¿Y como es, ahora, vivir con Donald Trump en la Casa Blanca?

 No estoy contento con ello. Cuando me fui de los Estados Unidos, yo era joven y no tenía responsabilidades: era fácil dejarlo todo y emigrar. Ahora tengo una hija y también nietos, que viven tranquilamente en el sur de California y no se plantean irse. Pero espero que esto de Trump sea temporal. En noviembre del año que viene volverá a haber elecciones al Congreso, y quiero ver hacia donde va el país. Si no conseguimos que la izquierda recupere posiciones en el Congreso y el Senado, me planteo seriamente hacer las maletas. ¡Y no descarto Barcelona!

¿Como llega a tus manos el guión de Dan O’Bannon y Ronald Shussett para hacer Muertos y enterrados?

 Literalmente, un día alguien llamó a mi puerta. Era Ron Shussett, con quien teníamos amigos comunes. Me dijo que le encantaba Death Line y que quería que hiciéramos cosas juntos. Se sorprendía de que no hubiera vuelto a dirigir, y yo le respondí que nadie me había convencido todavía para hacerlo. En todo caso, me trajo varios guiones y empezamos a trabajar. De Muertos y enterrados me gustaban algunas cosas, otras no tanto. Insistí en añadir ciertas dosis de comedia que hicieran de contrapunto al horror. Pero no pudimos levantar la película hasta que Shussett y O’Bannon no se toparon con el éxito rotundo de Alien (1979), de la cual habían escrito el guión. El lunes después del estreno recibo una llamada y es Shussett, que me dice: “¿Adivina qué? Haremos Muertos y enterrados”. A partir de aquí, sin embargo, fuimos a tres productoras distintas y cada una quería una película distinta, de manera que, al final, todos tuvimos que ceder un poco.

Háblanos un poco de Phobia, ese proyecto que acabó en manos de John Huston.

 Se trata de un guión que escribí con mi amigo Bob Scheer en Inglaterra, y que, originalmente, era como dos películas en una, dos narraciones que no tenían conexión aparente hasta que se entrelazaban. Nos gustaba mucho ese guión, por lo que fue una sorpresa increíble y al mismo tiempo una tragedia que acabara en manos de un director como John Huston. La producción fue un poco desastrosa y, finalmente, se prescindió de una de las dos historias que formaban la película. Algo que para mí no tenía mucho sentido. Vi el filme años más tarde, y fue toda una decepción, pero en esa época estaba rodando Vice squad, que es una de mis películas favoritas, así que decidí abstraerme en ella y olvidarme de Phobia.

¿Qué recuerdas del problemático rodaje de Poltergeist III?

 Hacerla fue desviarme un poco de las cosas que me interesaban entonces. Poltergeist III no es una película política, como lo son en buena parte las otras que he hecho. Yo ya había rechazado hacer la segunda parte, pero Jay Kanter y Alan Ladd Jr., de MGM, que años atrás me habían producido Death Line, insistieron con esta tercera y terminé aceptando. Para motivarme, les propuse que hiciéramos la última película de estudio que prescindiera del CGI, una forma de hacer efectos de imagen que entonces se estaba extendiendo en la industria. Opino que no hay lugar para los efectos CGI en el cine de terror, no son necesarios. En la ciencia-ficción tienen más sentido. Por eso me gusta que, hoy en día, muchos jóvenes cineastas digan que quieren hacer películas sin CGI. Desgraciadamente, nos surgió un problema detrás de otro, incluyendo la muerte de Heather (O’Rourke), y el horror, en Poltergeist III, terminó siendo hacer la película.

Sin embargo, años más tarde trabajaste en la serie televisiva de Poltergeist.

Fue un trabajo. Me hicieron una oferta económica que entonces no podía rechazar, y me incorporé al término de la primera temporada. Hice la segunda y luego me fui. No puedo decir que me lo pasara bien haciéndola.

En los noventa también produjiste una serie sobre personas desaparecidas, Missing persons, y una década después volverías a involucrarte en una serie, esta vez documental, sobre el mismo tema. ¿Hay alguna experiencia personal que te lleve a ese tema?

 Cuando yo tenía once años, tres chicos de mi edad desaparecieron en Chicago. Uno de ellos se apellidaba Peterson y los otros dos, que eran hermanos, se apellidaban Schuessler. Tanto la gente como los periódicos no hacían otra cosa que hablar de ello. Hasta que, cuatro días después, sus cadáveres aparecieron en un bosque a las afueras de la ciudad. El Chicago Sun-Times publicó en portada una fotografía del hallazgo de los cuerpos que me afectó profundamente y no he podido olvidar nunca. Durante años tuve pesadillas con ello. Tardaron cuarenta años en atrapar al asesino. Creo que aquél suceso moldeó en parte mi vida y mis inquietudes. Me puso en contacto con el miedo y el vacío, sentimientos que he explorado en algunas de mis películas.

¿Qué nos puedes contar sobre 39: A film by Carroll McKane, esa película que rodaste en 2006 y que casi nadie ha visto?

 Tengo un poco de conflicto personal con esa película. En realidad, la hice para mí, se trataba de un experimento que no tenia intención de mostrar a nadie. Llevaba mucho tiempo sin rodar ningún filme, y me sentía tranquilo centrándome en mis trabajos para televisión y haciendo algún documental. Pero hay quien constantemente me insiste en cómo de terroríficas son mis películas, algunos me llaman Scary Gary, y en cierto momento me vino a la cabeza una idea. Las grandes películas de terror siempre ofrecen a la audiencia una roca donde esconderse, para poder mirar pero también agachar la cabeza y sentirse seguro. Y me preguntaba qué pasaría si quitas esa roca y dejas a la audiencia sola ante el horror. Entonces, un conocido de la industria musical me pidió que le enseñara a hacer películas, quería aprender, y le propuse que hiciéramos una juntos. Era un experimento y creo que funcionó. Solo mostré la película una vez, en Fantasia (festival de cine fantástico sito en Montreal), donde advertí a la audiencia de que iban a ver algo singular. Nadie se movió durante el pase, ni para ir al baño, y cuando la proyección terminó y se encendieron las luces, nadie osaba hablar, hasta que salí al escenario y rompí el silencio. Me sentí responsable de esa reacción del público y decidí que no mostraría más la película. Al fin y al cabo, nadie había perdido dinero en ella.

Toni Junyent (Igualada, Barcelona, 1983), si más no, logró licenciarse en Periodismo al mismo tiempo que iba envenenando su alma con cine raro. Lo único que hemos visto de él hasta el momento son sus colaboraciones como articulista en lugares como Contrapicado, Miradas de Cine o H Magazine. Toni es uno de los responsables del legendario cortometraje 'Avui Follem', obra que marcó a una generación. Interpretó tres papeles distintos (que desaparecieron del montaje final) en '¡Maldito Bastardo!', la opera prima de su amigo Javi Camino, con quien volvió a unir fuerzas para gestar ‘Un chico raro’, un corto desviado que nos desvela que, mucho antes de que este blog naciera, Toni quería ser detective privado.

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