La llamada: sí, pero no, pero sí

Que quede claro que he ido a ver tres veces el musical de los Javis, Ambrossi y Calvo: la primera vez con Ana Rujas, la segunda vez con Ana Rujas y la tercera con mis padres y mi hermana. Es cierto que si lo he ido a verlo a tres veces ha sido porque lo he pasado muy bien y que esperaba con muchas ganas, y a la vez con algo de miedo, su traslación a la gran pantalla. La mayoría de las virtudes del original, si bien no funcionan tan bien en este formato como en el teatro, permanecen intactas: un reparto impecable, capitaneado por el encanto de Macarena García y Anna Castillo, y el carisma del sorprendente Richard Collins-Moore, que aparece aquí arropado por deliciosos y muy efectivos secundarios, y una dirección artística apañadita pero resultona y entrañable. La puesta en escena de los Javis chirría a veces, sobre todo en los números musicales, algo disculpable en una opera prima con un presupuesto ajustado. El resultado final, apoyado sobre todo en el buen rollo y la frescura que transmiten los actores y una selección musical cómplice con su público buscado, cumple con sus objetivos primordiales, da al espectador (iniciado o no) lo que quiere y transmite una relativa diversión en medianas proporciones. Eso sí, lo que en el teatro era una fiesta en la que te sentías protagonista, aquí es entretenimiento ligero del que por momentos te sientes excluido. Tal vez porque los diálogos y los gags ya estén demasiado masticados y los actores demasiado cómodos en sus roles; tal vez porque en contados momentos la espontaneidad se convierta en artificial impostura.

Ambrossi y Calvo arriesgan lo justo. Si bien desarrollan mejor la sexualidad de los personajes de Cuesta y Castillo, no quieren o no saben -o tal vez ni siquiera intentan- ahondar en las ramificaciones dramáticas que podría haber tenido la historia y sus bien construidos personajes, jugando demasiado la carta de la ligereza, el impacto y la superficialidad vistosa. Allí donde podían haber ido más allá, como en el numerito de las monjas o el montaje paralelo que refleja a un tiempo los coqueteos sexuales de Castillo y la iniciación en la oratoria de García, se limitan a cumplir, se quedan en el enunciado y se limitan a cumplir, salvando los muebles por los pelos. Es por eso que no puedo evitar ver su película como una hermanita simpática y menor de la mucho más estimable -y profunda en su devastador análisis entre religión y cultura popular- Miss Tacuarembó, con la que guarda no pocos puntos en común.

Lo mejor: Belén Cuesta se postula a ser la Kristen Wiig española y arranca carcajadas con cada frase. Una luminosa Anna Castillo.

Lo peor: Cierta falta de ambición más allá de los aciertos de su material de partida.

Calificación: B

Pablo Vázquez (Santa Cruz de Tenerife. 1979) vive en Madrid desde que tenía 18 años. Durante este tiempo, ha sido fanzinero (Mudhoney, Adobo), colaborador en diversas webs de cine (Miradas, Fanzinedigital) y ha publicado cuatro libros: "El frío de las camareras" (Ediciones de la Librería Cálamo), "Las chicas terribles" (Pre-textos), "Adam Sandler. La infancia infinita", coordinado junto con Roberto Alcover Oti, y "Buena suerte, Belafonte", escrito junto a Ricardo López Toledo. También ha colaborado en los guiones de las películas "Summertime", "Faraday", "Amor tóxico", "El cielo en el infierno" y "Call TV". Después de muchos fracasos personales, dio con la idea de La Paz Mundial con la intención de arrastrar a unos cuantos en su caída. Luego pretende retirarse y ser feliz.

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