La Picnic Pipol y cómo ser uno de ELLOS

Un artículo de Marta Silvera y Paula Hü

La generación X, la del 98, los beat, son solo algunos ejemplos de movimientos repletos de ideas innovadoras cuyos integrantes coincidieron en el espacio y en el tiempo dando lugar a revulsivos culturales. Cada uno de estos importantes grupos contó con un lugar de reunión, el cuartel general donde se gestaron ideas que pasaron a la historia inspirando a generaciones posteriores. Pues bien, el Cabaret Voltaire fue a los dadaístas lo que es hoy en día el Bar Picnic a una nueva generación que ya ha despegado. Está pasando. En Madrid. En un pequeño lugar de Malasaña, lleno de palmeras, objetos kitsch y luz rosada. 

Pero, ¿cómo surgió el espíritu de la Picnic Pipol? En el momento en que un chico normal, de cualquier pueblo de España, decidió mudarse a Madrid para cumplir sus sueños, con una maleta llena de aspiraciones y talento. El proceso empieza poco a poco, un corto aquí, un corto allá y, un día cualquiera, ese chico decide presentarse al NOTODOFILMFEST. Y no gana, pero el jurado le hace una mención especial. El chico sabe que ahí algo ha hecho click, que, de alguna forma, hay un antes y un después. Inevitablemente, este muchacho conoce a otros chicos como él y comienzan a juntarse para hablar de sus proyectos: guiones, un grupo de música, más guiones, cortos, ¡un largo! Así, los guionistas conocen a otros guionistas, cómicos, directores, dibujantes de cómics… y empiezan a quedar en un coqueto bar: el Picnic. El Bar Picnic: más que un bar, un símbolo, una actitud.

Saber quién es quién es obligado. Tal y como puedes observar en la Pirámide Picnic, existe una jerarquía bien definida.

En primer lugar está Nacho Vigalondo, con una brillante filmografía (muy pronto, Open Windows). Nacho es el gurú, un hombre cuyos pasos hay que seguir, un megalómano encantador. También en esta privilegiada posición encontramos a Borja Cobeaga, no tan extrovertido como el primero, pero con varias pelis en su haber. Recientemente, Cobeaga ha estado dirigiendo un corto con guión de Alberto González, siguiente en nuestro escalafón Picnic. Alberto González Vázquez es el más maduro de estos muchachos, aunque goza de un envidiable aspecto aniñado. La carrera de Alberto es imparable, González Vázquez consigue confundir el límite entre humor y drama, juega con temas manidos, uniéndolos para conseguir algo totalmente nuevo: Alberto, un escéptico alquimista de ojos soñadores. Lo que separa a Alberto de sus compañeros de la cúspide es un formalismo sin importancia: aún se le resiste dar el paso al largometraje. Estamos seguros de que pronto lo conseguirá, él mismo lo considera su principal ocupación, y desde aquí apostamos por ello. 

En la base de la pirámide nos encontramos a los aspirantes, los wannabes, divididos en dos grupos. En el grupo más númeroso tenemos a los wannabes de González Vázquez, muchos de los cuales trabajan como guionistas en lo que él considera su ocupación secundaria: la televisión – otros no han tenido tan siquiera esta “suerte”, pero sí han conseguido mover algo su obra (monólogos, cortos, cómics). Por otro lado, están los wannabes de Vigalondo, una casta superior, que sí han realizado algún largo y paladeado brevemente la gloria – y saben que cualquier día pueden llamarlos para hacer ese spot, ese vídeo musical que ¡zas! los convierta en el nuevo Vigalondo.

Ser Picnic Pipol no es fácil, pero tampoco imposible. Dicho esto, desde La Paz Mundial queremos animar a jóvenes motivados, como tú, a formar parte de ellos: sangre nueva, nuevos desafíos. Para ello vamos a desvelar las normas tácitas que necesitas saber para entrar en el Mundo Picnic con gallardía. No te desanimes si esta gesta te intimida, cualquier persona razonable sabe que, para alcanzar el éxito en cualquier empresa, hay que empezar desde abajo.

Puede parecer, al mirar hacia lo más alto de la pirámide, que el objetivo final es casi inalcanzable. No te agobies, amigo, los errores y el temor también acechan a las mentes más brillantes, pero el talento se abre camino – siempre y cuando resplandezca con luz propia, como las titilantes estrellas. Vamos, sin más dilación, a conocer la reglas.

Viste como un mod. El hombre Picnic es un moderno dandy, olvídate de los cómicos españoles de vestimenta reprobable y maneras toscas. Vestir con elegante ironía es la clave. Corbatas estrechas, camisas, algo de cuadros, e incluso flores. Piensa en Merc, en Tyler Brûlé, en los appliqués retro chic. Ten cuidado con lo vintage: permítete algún complemento de piel o alguna prenda básica cuyo tejido sea la principal razón para comprarla, y poco más. Las chapas son ordinarias, las pajaritas aceptables – no, sin embargo, en aquellos que aun se mueven en la base de la pirámide.

Nunca muestres entusiasmo. El entusiasmo es visto con condescendencia y repulsión por estos hombres, se trata de algo a evitar desde el primer momento si no quieres acabar como uno de esos adorables parias deslumbrados, condenados por siempre a ser seguidores o, peor, como un bruto alucinado de impulsos primarios. El entusiasmo es signo de poco control emocional, un rasgo de mentes exiguas e impresionables, el entusiasmo mata el cinismo, rompe el juego. Mantente, pues, en un sutil pedestal de encantadora indiferencia, observando, analizando: que la sonrisa apenas perceptible y la mirada impasible sean tu bella coraza.

La importancia de ir a buenos restaurantes. Ya conoces la mala imagen que da sentarte en un Starbucks, cenar en un hediondo antro étnico de Lavapiés o dejarte ver al mediodía en uno de esos restaurantes “modernos” del centro. Ve a restaurantes caros de tinte neoburgués cuya velada pretensión quede eclipsada por su seriedad culinaria. En pocas palabras, restaurantes para un sibarita informal.

Jugar al póquer es un must. Como en un saloon del viejo oeste, visualiza a un grupo de hombres alrededor de un juego de cartas, alcohol y humo y, alguna vez, señoritas revoltosas amenizando la velada. Las reuniones caseras para jugar al póquer nutren la camaradería sin borrar los límites de las castas a las que pertenecen los jugadores. Si llegas a participar en una partida de póquer Picnic, no te relajes, no es una reunión de amigos, es un entretenimiento de caballeros, una oportunidad continua de hacer gala de una lengua perspicaz.

Temas recurrentes. La carcajada fácil no es algo que deba primar, hay que apostar, por tanto, por un rebajado humor que casi se confunda con descreimiento. Dicho esto, es aceptable hablar de la actualidad siempre desde una distinguida distancia; las manifestaciones espontáneas, la protesta social, la política, son temas a los que hay que acercarse con paternalismo y un toque de melancolía. Recuerda lo que hemos dicho sobre el entusiasmo: como en aquellas tertulias dieciochescas de intelectuales trasnochados, la sorna audaz marca la diferencia. Mezcla la reflexión profunda con un leve pesimismo socarrón, acércate con brutal finura a asuntos tales como Obama, los nazis, el sida, los iconos pop, datos selectos de tu infancia, curiosos personajes catódicos, cómics o directores guays que hacen lo que quieren. Respecto a la sensata postura Picnic contra lo políticamente correcto, consiste en adquirir una actitud de medida sorpresa ante su estupidez. Sacar de contexto un “atrevido” comentario sarcástico para poner el grito en el cielo es idiota. Dibuja una esvástica en la sucia barra de un bar o enseña el pene permitiendo que asome con languidez: este tipo de gestos posmodernos son aceptados con agrado entre los Picnic, después de todo, estos actos sarcásticos solo puede indignar a aquellos adocenados de absurdas reacciones.

Juventud impostada. Conmueve el gracioso señorío con el que los pro de la Picnic Pipol se enfrentan al paso del tiempo. Que un Picnic de la parte superior de la pirámide, con la certeza de que trabaja entre guionistas sin libre albedrío mientras él hace lo que quiere – en un lugar del que casi reniega (pero hay que pagar el alquiler) – experimente un ligero escalofrío al darse cuenta de que envejece mientras su innegable talento aun no alcanza su objetivo (oh, le cinéma!), es digno de todo tu respeto. La barba, una melena lacia de mozuelo o una mirada nostálgica de núbil ingenuidad: una imagen de éxito potencial pasados los 40 es uno de los grandes atractivos de estos hombres geniales.

Mundo de hombres, microcosmos viril. Entre la Picnic Pipol no hay chicas, esto probablemente ya lo sabes. Alrededor, acompañando, intentando imitar hazañas con infantil empeño, participando como estilistas, maquilladoras, actrices o responsables de vestuario en los proyectos Picnic, . Son añadidos indispensables, ¿cómo no iba a ser así? Acepta y promueve la presencia de estas señoritas de labios rojos y aspiraciones artísticas, it girls, blogueras, eminencias del gusto retro en el vestir, divertidas protagonistas de las pataletas de aquellos – otrora wannabes de wannabe – que ven ahora con resentimiento cómo estas nínfulas trepan en su particular escala hacia los brazos de hombres de una casta superior. Debes reconocerlas pronto para evitar a aquellas mujeres de presencia incómoda y modales pedestres. Las chicas que se mueven cerca del universo Picnic son bellas, frescas como el rocío de la mañana; femeninas y complacientes en la intimidad, cautelosas y joviales en sociedad. Además, por cada una que desaparece, muy a su pesar, aparece un nuevo puñado de muchachas que llegan para refrescar el ambiente, son un recurso que nunca se acaba. Incapaces de evitar caer en berrinches de celos o en comportamientos caprichosos, típicos de esta clase de jovencitas, poseen sin embargo el valor añadido de no poder eclipsar de ninguna forma a los hombres Picnic; ellas juegan en otra liga y, lejos de ser tan solo unas modernillas aleladas, saben medrar y hacerse notar. Tenlas en cuenta, serán estupendas amigas y amantes.

Presencia en las redes sociales. Twitter es el medio ideal para mostrar tu talento y llamar la atención de los Picnic más admirados (ten en cuenta, no obstante, que tu admiración es deseable, pero no especial – después de todo no hay nada como la admiración de un igual, o de alguien superior). Observa cómo tuitean los expertos, aprenderás disfrutando. Sigue a pocos, lo importante es que te sigan. Elige un tema y tuitea un buen rato sobre él, sácale el jugo. Comunícate solo con aquellos que den prestancia a tu TL, y empieza frases cambiando en el último momento a mayúsculas en un audaz giro de tuerca, es una práctica tan genial y sofisticada que no somos capaces de explicarla con claridad sin ejemplos, pero la dominarás muy pronto imitando a la gente correcta.

Captar a la mascota adecuada. En ocasiones te darás cuenta de que ciertos personajes tienen un gran potencial en tus manos. Bufón o mascota no son, este caso, términos despectivos, ¡todo lo contrario! Se refieren a una persona original y entrañable que llama la atención de los Picnic más avispados (casi todos). Alguien afable y guasón de innato carisma, un diamante en bruto. Aprovéchalo en todos tus proyectos, cortos de animación, videoclips, cómics… todo lo que puedas, explota ese rasgo que te fascina de él, exprime su alma, utiliza su imagen. Es una simbiosis interesante, sobre todo para ti: las mascotas vienen y van, como las chicas, pero tú permaneces. Esa es la idea.

Picnic Pipol aparte, creemos en él

Habilidad social. Si no sabes desprenderte de complementos humanos tóxicos, si no te mezclas, fuera del Picnic, con la gente adecuada, no vas a llegar alto. Aun así, aun puedes ser un wannabe y pertenecer a la Picnic Pipol: siguiendo nuestros consejos y con un poco de suerte, tendrás tu parte del sense of belonging.

Una cosa más, no hay que ir al Bar Picnic para ser Picnic Pipol, si no entiendes esto, no has entendido nada.

Marta Silvera (Las Palmas de Gran Canaria) es optimista. Sus investigaciones académicas y su instinto natural para el trabajo de campo han conseguido que todo le parezca contraintuitivo. Se dedica a argumentar la felicidad preexistente, a combatir los sistemas lógico-deductivos y a perseguir el desequilibrio termodinámico. En la actualidad, trabaja en una serie de ensayos cuyo objetivo es demostrar que, más allá de guerras, crisis y feminismo, lo importante es el amor. En cada cumpleaños y tras la estela de toda estrella fugaz, Marta Silvera asegura desear, siempre, la paz mundial.

23 Comments

  1. Mameluco

    Julio 22, 2013 at 9:23 am

    No puedo ser Picnic Pipol. No quiero ser Picnic Pipol. Aunque me gusten algunas cosas de algunos de sus miembros.
    Básicamente porque con ser Luchana Pipol me llena si tener que ser wannabe ni esas cosas raras.

  2. Mameluco

    Julio 22, 2013 at 9:39 am

    ATENCIÓN PREGUNTA:
    ¿Para cuando uno del TONI2?

  3. Rosa

    Julio 23, 2013 at 4:33 pm

    Jajajajaaja muy bueno!!!!

  4. Willy

    Julio 23, 2013 at 7:14 pm

    Marta, chiquilla, ¿sabe Alberto que te mueres por sus huesos?

    • Katanga

      Julio 26, 2013 at 2:54 pm

      Pensaba que era Paula la que iba detrás dél…

      • Dandelion

        Julio 26, 2013 at 4:53 pm

        Claro. Si critican a un hombre están enamoradas de él. Qué machista es el mundo wannabe.

        • Baronesa Rouge

          Agosto 5, 2013 at 9:33 am

          Hombre, Paula enamorada no sabemos, pero bien que lo cató.. mientras pudo.

          • Pimp

            Agosto 7, 2013 at 9:09 am

            Cualquier mujer mataría por catar a Alberto. Un dany moderno, un eterno joven, creativo, gracioso, en la cresta de la ola. El sueño de toda mujer.

          • nachoquémacho

            Agosto 7, 2013 at 1:52 pm

            Tuvo su momento el hombre pero ya se le va notando la viejunez, Paula lo cató? la del artículo? Paula cuenta, cuenta…

          • Rapunzel

            Agosto 7, 2013 at 3:25 pm

            Pues por lo que se deduce de este articulo, se quedó con ganas de mas.

          • Sumi

            Agosto 7, 2013 at 7:12 pm

            Alberto es el centro del mundo, por eso, cada vez que se habla de él, es porque hay un resentimiento oculto. Claro, claro. Precisamente es ésa la actitud que se critica en este artículo. Que se crean la puta hostia más allá de lo que en realidad son.

            Se ve que este artículo ha levantado ampollas. Por algo será.

          • Jose-carlo

            Agosto 7, 2013 at 7:47 pm

            Haber si dejais de darles coba a estás dos amargadas que seguro que son dos feas gordas amargadas. yo he leido las cosas de alberto y me han echo mucha gracia. la gente tiene envidia de los que tienen exito y se ganan la vida con ello.

          • Jose-carlo, claro

            Agosto 8, 2013 at 2:04 pm

            El truco de imitar a tus enemigos para posicionarles en un machismo que te acabas de inventar es más viejo que el mear, chica.

          • Cris

            Agosto 29, 2013 at 10:46 am

            En serio, Vigalondo?

          • Rusin

            Agosto 24, 2013 at 6:45 pm

            Por lo que se deduce de los comentarios de este artículo, ni dios aguanta a Alberto. ¿Qué? ¿También los que le critican se quedaron con ganas de más? Vuelve a tu cueva, troll.

      • Sisifus

        Julio 31, 2013 at 7:29 am

        Pensaba que era Ignatius quien estaba detrás de él.

  5. hmg

    Julio 28, 2013 at 3:04 am

    La carcajada fácil no es algo que deba primar, hay que apostar, por tanto, por un rebajado humor que casi se confunda con descreimiento —- me da hasta vergüenza reconocer que me identifico con esto

  6. Lopen

    Julio 31, 2013 at 7:38 am

    Me encanta. Malditos snobs de pueblo..

  7. Ἑκτωρ

    Julio 31, 2013 at 11:37 am

    Muy buen artículo, una exacta y divertida descripción de esta
    tropa estrambótica y ridícula. El mayor problema que tienen estos tipos es que
    se lo creen…ellos se sienten así, son lo más de lo más, en fin, que me ha
    encantado leerlo y reírme de semejante fauna rural.

    PD:
    De todas formas seguro que algún estúpido aún se presenta en
    su lugar de reunión con el guion aprendido para formar parte de este grupo
    elitista…Dios nos pille confesados.

  8. Pato

    Agosto 11, 2013 at 9:07 pm

    me meo

  9. dArgento

    Agosto 20, 2013 at 12:41 am

    Por fin dice alguien en este país algo bien dicho sobre esta gente que intentando ser elite se perdieron por el camino de la estupidez. Echo de menos un análisis sobre la “obra” del señor Vigalondo, que en algún momento tuvo su cosa pero que derivó en absurdo hipsteriano. Felicitaciones.

  10. OstrasPedrín

    Septiembre 27, 2013 at 4:39 am

    me quiero apuntar al curso de ser wannabe de Alberto qué tengo que hacer?

  11. Putas y maricones

    Octubre 3, 2014 at 3:20 pm

    Jesús Gil iba al picnic.

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