Mother!, esa religión llamada Aronofsky

Me obsesiona Aronofsky. En 2003, tres años después de su estreno, alquilé “Réquiem por un Sueño” (2000) en DVD y me enamoré. Me volví tan loco con aquella película que, un año después, en aquel mágico e irrepetible verano de 2004, organicé un pase para 15 personas en la exigua sala de estar de mi casa.Recuerdo incluso que obligué a mis amigos y amigas a ver los comentarios del director después del largometraje. Luego llegaron “Pi, fe en el Caos” (1998) y todas las demás.

Me gustan todas sus películas excepto “Noé” (2014), que es el largometraje menos Aronofsky de Aronofsky: una versión bíblica de “El Señor de los Anillos” (Peter Jackson, 2001) en clave de comic-book. Más tarde descubrí que, de hecho, estaba basada en un cómic que adaptaba el relato bíblico del Diluvio Universal.Creo que es la única película suya que no he tenido el valor de volver a ver, y dudo mucho que lo haga. Incluso “La Fuente de la Vida” (2006), que tanto ha polarizado a crítica y público, me gusta mucho más porque, al fin y al cabo, es Aronofsky en estado puro.

Durante el verano de 2009, tras una larga y fructuosa conversación sobre cine, un amigo me comentó que había visto la mejor película del año: “Cisne Negro” (2010) . Me habló maravillas de aquel largometraje y me dijo que Aronofsky había dirigido su película Lynch. Pues bien, si “Cisne Negro” es la película Lynch de Aronofsky, “Madre!” (2017) es su película Polanski.

Este último plat de caviar del realizador neoyorquino tiene lugares comunes con “La Semilla del Diablo” (Roman Polanski, 1968), pero también con películas como “El Ángel Exterminador” (Luis Buñuel, 1962), “House, una casa alucinante” (Steve Miner, 1985) o “Anticristo” (Lars von Trier, 2009). Y aún así, lo que más me gusta es que, sobre todo, es en primera instancia una película de Aronofsky. Instantes como el de “Pi, fe en el Caos”, en el que una masa enloquecida de judíos jasídicos se agolpaba alrededor de Sean Gullette en el interior de aquel claustrofóbico y delirante laboratorio, recuerdan extraordinariamente a la desorientación agónica de esta película.

Se ha especulado mucho sobre significado de “Madre!”. Mi primera lectura fue verla como una alegoría del proceso creativo: la relación entre el creador y su musa. Posteriormente, me comentaron una teoría —bastante plausible, por cierto— que sostiene que “Madre!” es realidad una interpretación moderna de La Biblia en la que la pareja protagonista son Dios y María, Michelle Pfeiffer y Ed Harris son Adán y Eva (Ed Harris tiene una costilla rota), sus dos hijos son Caín y Abel, mientras que el recién nacido representa a Jesucristo, al que sacrifican para perdonar los pecados de la humanidad. Lo último que llegó a mis oídos es que la protagonista de “Madre!” podría ser una encarnación de la madre Tierra, mientras que los inquilinos simbolizarían a los seres humanos que la destruyen y la pisotean.

Lo cierto es que poco me importa el significado real de “Madre!”, porque como me ocurre con la obra de David Lynch, lo que realmente me interesa son las sensaciones que me transmite. Actuar es reaccionar, y Jennifer Lawrence no podría darnos una mejor muestra de ello durante los 120 minutos que dura el largometraje (especialmente durante los 15 últimos). Javier Bardem es capaz de transmitir un mundo solo con un gesto, mientras que Ed Harris es el perfecto inquilino incómodo. La palma se la lleva una majestuosa Michelle Pfeiffer, quien se come la pantalla cada vez que le dan la oportunidad.

Cómo mitómano que soy, no puedo dejar pasar la oportunidad de comentar la inesperada petite mort que experimenté cuando Kristen Wiig hizo acto de presencia hacia el final del tercer acto.

“Madre!” es una comedia enfermiza y masturbatoria que se te mete dentro como pocas películas son capaces de hacerlo. No me sentía así desde “Inland Empire” (David Lynch, 2006). Mis neuronas comenzaron a bailar —casi podría decir que literalmente— al compás de lo que ocurría en pantalla. Mi capacidad para cualquier tipo de razonamiento lógico desapareció por completo, y nos quedamos solos la Srta. Silver Screen y un servidor. La embriaguez artística se apoderó de mis sentidos y supe en ese instante que “Madre!” entraría directamente en mi lista de largometrajes extradimensionales. Si la teoría M de supercuerdas resultara ser cierta, tened por seguro que Madre! habitaría en el Bulk, junto con otras marcianadas maravillosas.

Más allá de consideraciones subjetivas, estoy absolutamente seguro de que, dentro de 20 años, “Madre!” pasará a formar parte de ese selecto grupo de largometrajes incomprendidos y valientes que se adelantaron su tiempo.

Calificación: A+

Lo mejor: La dirección de Aronofsky.

Lo peor: Que aún no se haya registrado como religión.

 

 

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