Querida Aura Garrido

Los que me seguís en Twitter (muy pocos, pero muy apreciados), ya conoceréis la historia. Los que seguís a Aura Garrido (un número 57 veces mayor), también. Para el resto, va un breve resumen.

La semana pasada Aura Garrido irrumpió furiosa en Twitter para arremeter contra las webs de Fotogramas y Esquire por la publicación de un artículo de opinión en el que su autora, Rosa Martí, se preguntaba en voz alta algo que, nos guste o no, mucha gente se ha preguntado desde que conocimos las demandas masivas por acoso y abusos sexuales que el productor Harvey Weinstein ha recibido por parte de numerosas actrices de Hollywood: ¿Cómo es posible que en todo este tiempo nadie denunciase estos hechos, y por qué ahora surgen las denunciantes en masa? Pese a advertir en numerosas ocasiones en su texto que en ningún momento quería poner en tela de juicio la veracidad de las demandas, y afirmar en el primer párrafo del artículo que “ante el abuso sexual no hay otra postura, es aborrecible y execrable”, la autora fue objeto de una durísima campaña de acoso y derribo que sin duda hubiese sido mucho peor si el firmante del texto hubiese sido un hombre. Quizás, por ese motivo, Garrido ignoró a Martí y entró en el debate señalando con el dedo a “los responsables” de las publicaciones (ambas pertenecientes al mismo grupo editorial, de ahí que una compartiese en sus redes sociales el artículo de la otra) con un tuit que no tardó en avivar un fuego que ya llevaba un rato ardiendo con fuerza.

Que la actriz de “El Ministerio del Tiempo” se dirigiese a las dos revistas, y no a su autora, llamó mi atención. Especialmente cuando al hilo de ese primer mensaje escribió algo que me obligó a meterme en un asunto que realmente no me tocaba ni de refilón. Pues, por mucho que (como Garrido ma afeó después) yo haya trabajado durante algunos años en Fotogramas, y ahora mismo colabore con Esquire, la imagen que los dos medios proyecten al exterior no es un asunto que me tenga especialmente preocupado.

Ese interpelación a “evitar el artículo” me pareció grave y preocupante. Y eso partiendo de la base que no sólo no comparto la opinión expresada por Martí sino que además me parece, a ratos, detestable. Precisamente por eso me parece tan importante que nadie hubiese “evitado” el artículo, lo que, en otras palabras, hubiese supuesto defender su no publicación y por tanto su censura, su no existencia.

Intentar debatir con alguien que tiene 57 veces más seguidores que tu en Twitter es deporte de alto riesgo. No tardaron en aparecer palmeros de Aura que entendieron mi defensa del artículo como una defensa del contenido del artículo. En otro lugar menos beligerante podría haber argumentado que en otras ocasiones he defendido la libertad de expresión de artículos cuyas opiniones no sólo me parecían repugnantes, sino que además atentaban directamente contra valores y sentimientos que conforman mi identidad (eso asumiendo que, como muchos y muchas me impusieron aquel día, el feminismo no está entre ellos). La genuina defensa de la libertad de expresión se demuestra cuando la luchas a favor de aquellos que te caen gordos, cuando creas el espacio para que se desarrollen argumentos que pueden llegar a arrancarte de tu zona de confort y a zarandearte con furia.

El artículo de Martí no es especialmente brillante, pero sí expone en voz alta una duda que, razonable o no, existe en la sociedad alrededor del Caso Weinstein. Y me interesa por su capacidad de abrir el debate y poner el foco en aspectos del caso menos evidentes y por tanto más controvertidos. Pero al parecer, hay opiniones y dudas que no son ni siquiera aceptables. Se puede condenar enérgicamente a Harvey Weinstein y a la vez aceptar que es posible que alguna actriz en los últimos 20 años aceptase que la vía más rápida y eficaz para que se le abriesen ciertas puertas era seducir al porcino productor, o simplemente aceptar un trueque tácito. Se puede incluso alegar que existe una erótica del poder que podría convertir a Weinstein en un hombre apetecible. Desde ese punto, podemos seguir extendiendo el debate y llegar al hueso: existe un machismo sistémico en la sociedad que provoca, en primer lugar, que la mayor parte de las posiciones de poder estén ostentadas por hombres heterosexuales, por lo que la llamada “erótica del poder” estaría estrechamente vinculada a la masculinidad. Pero aún más importante: podemos denunciar, avanzando en esta cadena de razonamientos, que lo realmente perverso es que muchas mujeres hayan asumido que el modo más rápido y eficaz para triunfar en la industria del entretenimiento es tirarse a un hombre que ostenta una posición de poder. Tanto la que se folla a Harvey Weinstein porque es Harvey Wenstein, como la que se lo folla para alcanzar un fin, son hijas de un sistema enfermo. Pero probablemente no merezcan el calificativo de “víctimas”, o al menos su adscripción a la etiqueta es menos evidente. ¿Es víctima alguien que acepta formar parte de un sistema abusivo, cuando es enteramente consciente del perverso juego en el que está participando?

El debate es sin duda interesante y enriquecedor, y el artículo de Esquire abre la puerta a hacerse estas preguntas, que no llegarían si no mediase un texto provocador, controvertido, incluso abyecto en algunos de sus fragmentos. En el otro extremo, podemos leer miles de artículos, aburridos y obvios, que defienden que Weinstein es un hijo de puta. Es algo tan evidente que casi no hacía falta ni escribirlo. Puede, eso sí, que para evitar malentendidos uno introduzca un nuevo episodio al debate aseverando lo que es obvio y evidente. A Rosa Martí, no obstante, ni por esas se le perdonó su artículo.

Garrido siguió varios días con su cruzada hasta provocar la disculpa privada de Fotogramas (la revista, por cierto, borró el tuit en el que compartía el artículo de Esquire a los pocos minutos de publicarlo) y pública de Esquire. Por el camino fue dejando retratados a varios usuarios entre los que me llamó la atención la siguiente opinión:

Garrido juega con Rafael Camargo como el que exhibe al niño tontito con orejas de asno frente al resto de la clase. Tira un poco de demagogia (dudo que el tipo quisiera referirse a las mujeres “violadas”) y de rebote niega de un plumazo un valor incluso promulgado por ciertos sectores feministas. Alguien tan poco sospechosa de arrodillarse frente al heteropatriarcado como la directora Anne Biller dedica una secuencia de la maravillosa “The Love Witch” a poner en boca de algunos personajes una reflexión sobre el sexo como una de las armas de empoderamiento más contundentes que tienen las mujeres frente a los hombres. En una escena que es casi un apéndice extraído de la narración, se nos viene a decir, como la Lisístrata de Aristófanes, que la revolución feminista será sexual o no será. O dicho de otro modo, el verdadero hechizo feminista por el que el hombre caerá doblegado pasa por la asunción de que el coño y las tetas son su auténtica rendición, su talón de Aquiles. Es entonces cuando uno entiende el auténtico valor social de las putas y las actrices porno orgullosas, negadas por aquellas feministas que reparten carnets de buenas feministas pese a haber convertido un histórico objeto de martirio, el cuerpo femenino, en una herramienta de empoderamiento.

Cuando ya me habían hecho entender que mi feminismo (perdón, mi alianza con el feminismo) está mal porque me hago preguntas que no tocan, cuando ya había entendido que era un cerdo machista que justificaba el abuso sexual contra la mujer, Aura Garrido cerró el episodio con un último hilo.

Una conversación telefónica dio pie a que la actriz opinase sobre “la información en la era de Internet” y sus dinámicas perversas. Sin ser consciente de que la mayor de las dinámicas perversas la había alentado ella. Pues estoy convencido de que nadie hubiese borrado ningún tuit, y nadie hubiese matizado ningún artículo con un comunicado de arrepentimiento, si ella misma no hubiese alzado la voz contra el mismo frente a sus 57.000 followers replicantes. Así, no son los cupos de clics ni la integración editorial los males que padece el periodismo digital, sino la necesidad de salvaguardar de la intolerancia hater la imagen de unas publicaciones que, cada vez más, están obligadas a ofrecer lo que la opinión pública quiere leer en los términos que la opinión pública quiere leerlos. Así sí se pierde libertad editorial y variedad de puntos de vista, pues en plena radicalización social-media (hoy, más que nunca, esto es un “o estás conmigo o estás contra mí”) los medios tienden a homogeneizarse y a adscribirse al pensamiento uniforme. Hoy no se puede no ser feminista (lo que por otro lado, creedme, creo que es bueno) pero además se debe ser feminista sin pintar fuera del borde. No hay medias tintas: o me dices amén a todo o ya puedes arder en el infierno.

Toda la polémica coincidió con el auge del hashtag #haymujerescolumnistas que defiende en Twitter una mayor presencia de firmas femeninas en los artículos de opinión de los principales medios de comunicación. Lo realmente estimulante de todo el “Caso Esquire” es que el “artículo un poco tibio con Weinstein” lo firmó una mujer, Rosa Martí, que me merece el mismo respeto que las numerosas columnistas que estos días han sido citadas y reivindicadas en Twitter. Por que lo que sería realmente preocupante es que, a la vez que exigimos la feminización de la opinión pública, coartásemos el derecho a expresarse en público de una mujer, no? O quizás es que está bien que todas nos expresemos, siempre y cuando nos expresemos en la dirección que toca?

En plena neurosis, una conocida columnista feminista llegó a denunciar que Esquire y Fotogramas, junto a su casta judeomasónica de dirigentes, se habían inventado a una periodista falsa para firmar un artículo realmente escrito por un hombre. Fue el colmo del feminismo: negar la propia existencia de una mujer escritora. Mucho más que un daño colateral.

 

1 Comment

  1. Una feminista

    octubre 27, 2017 at 11:09 am

    Querido Gerard,

    Agradecerte tu post que con la excusa de Aura Garrido, has escrito y a mi parecer arroja más luz en este debate, que lo mejor que le puede pasar es que no termine nunca, siempre que sirva para construir una realidad feminista común y no cuestionarse en sí, los pilares o corrientes de este movimiento tan difíciles de soldar y que es más antiguo que tú y que yo.

    Aura Garrido se pasó de frenada afirmando que debía haberse evitado la publicación del artículo. También tenemos otros tantos columnistas nacionales que también se pasan de frenada escribiendo sus artículos. Pero cierto es que la Libertad de Expresión es eso que tan bien explicas: “cuando la luchas a favor de aquellos que te caen gordos, cuando creas el espacio para que se desarrollen argumentos que pueden llegar a arrancarte de tu zona de confort y a zarandearte con furia.”

    Sin embargo, y retomando el tema de los pilares del feminismo, permiteme hacerte un par de comentarios más.

    Preguntas: ¿Es víctima alguien que acepta formar parte de un sistema abusivo, cuando es enteramente consciente del perverso juego en el que está participando?
    Sí lo son. Siempre. Rotundamente. Cuando alguien no es totalmente libre para elegir, siempre estará sometido. Lo único de lo que eres enteramente consciente es de que la realidad machista es una mierda de realidad. A nadie que afirma haber sufrido un abuso le han preguntado “¿te apetece jugar a esto? Si no tranqui, mañana nos vemos!” Un abuso siempre va precedido de una intimidación y antecede una consecuencia, que tú, en tu vulnerabilidad debes decidir si aceptar o no.

    El “peligro” de este debate concreto (y de ahí la indignación de Aura) es que cuestionar a las víctimas debilita el discurso de las que se atreven a hablar, cuando deberíamos estar todavía en el deber de hacer entender a otras mujeres que tienen que denunciar los hechos, por pequeños que sean y por muy culpables que se sientan, porque no son ellas las responsables. Ellas nunca lo pidieron, y si accedieron fue porque sintieron que no había otra opción. No todas las mujeres son tan fuertes para ver que hay más opciones. Incluso lo normal es que lo aprendas con el tiempo para futuros abusos.

    Por supuesto que hay muchas mujeres que se aprovechan del sistema patriarcal del que son víctimas y cada una sobrevive como puede: desde aceptar copas gratis hasta seducir a Pepito por conseguir ascender, o prostituirte… pero eso no las empodera. El feminismo aboga por una igualdad de género (sexual también, por supuesto) en el sistema, que a su vez esta lleno de esclavos del machismo, mujeres y hombres. Y por esto tampoco estoy de acuerdo con esto: “Es entonces cuando uno entiende el auténtico valor social de las putas y las actrices porno orgullosas, negadas por aquellas feministas que reparten carnets de buenas feministas pese a haber convertido un histórico objeto de martirio, el cuerpo femenino, en una herramienta de empoderamiento.”

    Y ya por último, decirte Gerard que eres feminista sin pedir disculpas, como lo es mi chico que me ha pasado tu artículo para leerlo. Es una lucha nuestra y vuestra. El feminismo somos todos porque sin abordar el problema de la masculinidad estaríamos abordando el problema a medias. El feminismo no tiene género… es la utopía de un sistema más justo.

    Hay grandes feministas, expertos, y luego estamos nosotros, estoy yo que cada día que pasa aprendo más sobre el movimiento, lo entiendo y lo construyo.

    Un abrazo.
    M

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