Si me necesitas, Silva

Como en un espectacular cross-over entre crónica rosa y crónica negra, el pasado 30 de mayo el marido de la presentadora Raquel Sánchez Silva, Mario Biondo, aparecía muerto en la casa que ambos compartían en Madrid. Después de varios días de especulaciones, mensajes de apoyo, amarillismo rampante y declaraciones cruzadas entre Sánchez Silva y la familia del fallecido, ha ocurrido un giro tan agradecido dentro de los mecanismos de una novela de suspense como incómodo e inquietante en la vida real: la presentadora  ha cambiado drásticamente de rol, de víctima a villana. Y todo a raíz de un vídeo que estará sin duda en la recopilación de lo mejor de este año que hará LPM en diciembre, en el que supuestamente comercia con la muerte de su marido (ex marido ahora, claro) con la excusa de los mensajes de apoyo de amigos, vecinos, conocidos y espontáneos. Se mire por dónde se mire, Silva ha sido la primera persona en meter produce-placement en un pésame, y eso ya la coloca unos puntos por encima de Mariano Ozores y de los creadores de “Médico de familia”.

Podemos verlo aquí.

Podría ser peor, pensarán algunos: podría haber anunciado alcohol. O hacer promo del Sumerman de Snyder. Pero, en fin, seamos serios, que el tema se presta a ello.

Que hacer un pésame patrocionado incluso en el momento que vivimos está feo, pues es verdad. Y que el vídeo queda como raro, también. Pero yo quiero conceder a Sánchez Silva el beneficio de la duda. Primero, porque la publicidad y el produce-placement hace tiempo que se han infiltrado en nuestro vocabulario cotidiano y lo han deformado sin piedad. Hablamos y pensamos con marcas; incluso en algunos casos las marcas concretas han ocupado el lugar de lo sustantivos, cuando no son adjetivos que enriquecen o aportan información. Basta con leer una novela de Bret Easton Ellis o el blog de Popy Blasco. La publicidad nos sale al hablar, y ya ha comenzado a ser algo natural, como la respiración, y esto no es más que otra consecuencia de ello.

También podríamos decir, para pinchar un poco a los torquemadas de facebook y twitter que Sánchez Silva sigue siendo una víctima. Una víctima de sus circunstancias, de su maremoto mental, de la situación circundante y del tiempo que vivimos. La suya es una versión del duelo coherente con la Era Bárcenas. Una declinación más, especialmente jugosa e ilustrativa, de lo que Fernández Porta llamó “la superproducción de afectos”, a partir de un anuncio de la cadena Cash Converters que incitaba a poner en venta los regalos íntimos de la pareja después de una infidelidad. La mercantilización acelera el proceso de la pena y la pérdida: le da fluidez y armonía, coherencia como un todo. Precisamente por eso una persona puede pasar tan rápido de víctima a verdugo si no entiende las reglas del juego, o si, convencida de su cotidianidad, se lanza a jugar sus cartas públicamente, meando fuera de tiesto. Un error que no tiene vuelta atrás, y que provoca que la misma maquinaria (televisiva y facebookera) que mercantilizó la muerte de tu esposo -convirtiéndolo en noticia, o en estado ocioso para colección de “megustas” y comentarios, otra forma de comercialización- ahora haga lo mismo con tu metedura de pata, acusándote tan sólo de haber ido por libre usurpando su puesto. Pecando más de impaciencia y protagonismo (yo quiero ser vosotros) que de insensibilidad.

Y por último, dejamos claro también una cosa: Sánchez Silva estaba trabajando. No olvidemos que ella, entre otras cosas, se dedica a eso. Y cuando las cámaras de Ana Rosa se colaron en su vida pública, estaba en un evento patrocinado, no en la soledad de su dormitorio. ¿Si hubiera estado ensayando una obra no habría sido una cuestión natural, de educación, mencionar la función y a sus compañeros? ¿Por qué tiene que ser diferente tratándose de publicidad, cuando ambos son trabajos igualmente remunerados? ¿A cuántos profesionales que han ido a trabajar un día más tarde de la muerte de su mujer, de su padre o de su hijo, se les ha tachado poco menos que de héroes? Y nuevamente… ¿por qué esto debería ser diferente?

Concluyendo… ¿somos realmente dignos de calibrar conceptos tan complejos como el dolor y el sufrimiento de las personas simplemente a partir de sus actos televisados y por tanto distorsionados? La satanización de Sánchez Silva por la parte de esta Nueva Mayoría Moral sólo tiene sentido dentro del mismo tipo de público que, hace no tanto tiempo, aplaudió el hipócrita y peligroso final de “La chispa de la vida” de Álex de la Iglesia. No sé si está mujer es una excelente persona o una hija de perra. Tampoco me importa ni me incumbe mucho. Pero me atrevo a decir que casi seguro que será mejor que la mayoría de los desalmados que se han lanzado a cruxificarla como fieras.

 

Pablo Vázquez (Santa Cruz de Tenerife. 1979) vive en Madrid desde que tenía 18 años. Durante este tiempo, ha sido fanzinero (Mudhoney), colaborador en diversas webs de cine (Miradas, Fanzinedigital) y ha publicado dos libros: "El frío de las camareras" (Ediciones de la Librería Cálamo) y "Las chicas terribles" (Pre-textos). Después de la muchos fracasos personales, dio con la idea de La Paz Mundial con la intención de arrastrar a unos cuantos en su caída. Luego pretende retirarse y ser feliz.

5 Comments

  1. peter

    Julio 5, 2013 at 11:32 am

    Bajo tu prosaismo de erudito de terraza y tinto de verano, veo que tú harias lo mismo que ella. La gente decente no. Saludos

    • Kwyjibo

      Julio 5, 2013 at 1:49 pm

      Vaya perla de argumento: “La gente decente no hace eso”. Luego hablamos de erudición de terraza y de puñetazos en la barra del bar.

  2. Introvertido Pop

    Julio 5, 2013 at 12:16 pm

    La decencia es una cualidad tan relativa…

  3. ilitri

    Julio 5, 2013 at 12:36 pm

    lo has escrito desde tu xperia ?

  4. Mameluco

    Julio 5, 2013 at 4:07 pm

    Pablo Vázquez demuestra una vez más lo sabio que es, motherfuckers!!!

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