TAXIDERMIA: ¿POESÍA EN LO REPULSIVO?

No pretendo hablar del arte de conservar inmutable en el tiempo a un animal, no al menos de forma física. No, yo aquí he venido para hablar de una película. Lo que pasa es que la película comparte nombre con dicha actividad y curiosamente, como ella, también se puede concebir como algo simplemente vomitivo o puede ser apreciada como algo maravillosamente sofisticado y valioso. Muchos han escrito ya defendiendo esa primera mirada, busca en Google, te costará encontrar una crítica que profundice en algo más que en el asco. Sobra decir a estas alturas que mi visión es otra, que son otras cosas las que yo veo en esta película.

Pero antes de entrar en materia y para ir cribando, me gustaría plantear la misma pregunta que Isidore Ducasse lanza al lector en el prólogo de sus infames “Cantos de Maldoror”.

 

¿Acaso el talento no puede aliarse con la crueldad en las resoluciones secretas de la Providencia, o es que porque se es cruel no se puede ser genial?

Si internamente has respondido que no, si eres incapaz de concebir que en lo cruel, en lo desagradable o en lo grotesco haya genialidad e incluso cierto tipo de extraña belleza, te aconsejo que cierres ahora mismo este texto, te olvides del film, pues no está hecho para ti, corras a agarrar el libro de Federico Moccia más cercano y disfrutes llorando a moco tendido con sus emocionantes historias. En cambio, si respondiste que sí, si eres de los que podría apreciar la belleza de un soneto en una escena, turbia pero no explícita y siempre ficticia, de pedofilia; no es que seas mejor que el que ya va por la segunda página de “Perdona si te llamo amor”, puede que incluso algún santo se atreviera a tacharte de monstruo, pero yo me veo obligado a estrecharte fraternalmente la mano y a invitarte a que te deleites con lo que esta película ofrece. Tranquilo, aquí estás entre hermanos.

En Taxidermia, el director húngaro György Pálfi nos cuenta las historias de tres hombres, tres historias que forman una sola: la historia de una familia, la historia de un país. Tres hombres con tres objetivos, que se resumen en uno sólo, tres vías distintas para su consecución y solamente una que lo alcanza finalmente: el arte. Un arte repulsivo y cruel, pero eterno. La taxidermia.

 

httpv://www.youtube.com/watch?v=v2VTyxBa5MQ

La primera es, para mí, la que encierra una mayor fuerza poética. Se nos empieza presentando el destartalado cuerpo del protagonista, Vendel Morosgoványi, a la tenue luz de una vela con cuya llama éste parece excitarse. Fuego y piel, casi podemos oler el vello quemándose. Luego, la luz deslumbrante de su pene, convertido en un surrealista lanzallamas, nos da paso a una mañana clara, fría y ocupada por la niebla de la estepa húngara. Morosgoványi es un militar, un ordenanza que vive sirviendo a su teniente en una casa dejada de la mano de Dios, duerme en un cobertizo desde el que oye todo lo que pasa en las letrinas, junto a un cerdo lanudo que le acompaña en sus largas noches de soledad y al que arrulla con desafinadas nanas. Recibe el desprecio de todos cuantos moran en la casa, su vida es una auténtica mierda, pero Morosgoványi tampoco es un ser que inspire lástima. Es un individuo enfermo y repulsivo que se masturba mirando a las niñas jugar en la nieve, joder, que se pone cachondo con el sonido de la orina cayendo en las rocas que hay bajo las letrinas. Da asco. O puede que sólo viva de lo que le dan y con eso intente suplir todas y cada una de sus necesidades, sin violar ni matar a nadie. La vela que todas las noches le presta el teniente es su única fuente de calor, no sólo físico, y sólo a través de la llama consigue cubrir sus anhelos afectivo-sexuales. A estas alturas, al lector que conserve un mínimo de memoria infantil, no le costará ver una analogía entre el bueno de Morosgoványi y la niña de los fósforos del famoso cuento de Hans Christian Andersen, eso sí, espero que ese lector no guarde un cariño demasiado especial hacia el cuento en cuestión, porque mucho me temo que alguien se va a masturbar con él, literalmente. Y es que cuando esta analogía llega a su cenit es cuando se condensa en la que es, según mi parecer, la escena más brutalmente genial de la película: el encuentro imaginario que nuestro protagonista de labio leporino tiene con su análoga mientras se masturba. En esa fantasía, la vendedora de fósforos, sucia y asustada, le masturba ante la promesa de obtener millones de estrellas y no sólo una, como en el cuento original. El alma de su abuela en forma de astro bajando del cielo para acompañarla en su último viaje, es sustituida por los millones de espermatozoides que contiene el semen del ordenanza ¿Se podría haber planteado una escena más horrible y más poética al mismo tiempo para culminar la metáfora? Yo creo que no. Es como una hostia en las narices con un recopilatorio de cuentos de Andersen. Eso es lo que creo que es Taxidermia como película, un híbrido entre un tierno cuento infantil y un drama grotesco, donde el asco sólo es el envoltorio en el que se nos presenta la historia, sólo son las tapas del libro. Pero no sufráis por los personajes, al fin y al cabo es un cuento y en los cuentos todos acaban consiguiendo lo que quieren.

No quiero continuar. Sí, así de simple. Me niego a hablar de las otras dos historias, porque no quiero arriesgarme a desvelar más trama, porque si has llegado hasta aquí me has caído muy bien, coño. Porque me he dado cuenta mientras escribía de que esto no es ninguna crítica de cine, sino una invitación. Una invitación a que te pongas unos guantes y una bata, cojas un escalpelo y te plantes frente al amasijo de carne, tripas, mierda y putrefacción que te ofrece esta película. Te invito a que la vacíes de todo eso, ignorando o disfrutando el asco, mirando más allá. Invito a que te quedes con la bella historia que narra en esencia, la coloques encima del maniquí que prefieras y que la cuelgues en tu salón, justo encima de la chimenea.

Te invito a que seas, tú mismo, un taxidermista.

 

 

 

1 Comment

  1. Marcos

    noviembre 23, 2013 at 3:58 pm

    Hola. Genial película, un poco confusa (para mí) la primera historia, pero genial. Me encanta la parte de la auto-taxidermia.

    Felicidades, que gran reseña de esta película, la forma en que describes la trama me gusta. Espero seguir leyendo más reseñas tuyas. Saludos

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