Toda la verdad sobre el supuesto plagio del cartel del Festival de Sevilla

La polémica está servida, como una mesa con su mantel y sus frutos. María Cañas, una videoguerrillera sevillana, ha sido acusada de plagio por el diseño de un cartel para un festival de cine. Sin entrar a valorar lo absurdo de usar una imagen en un certamen de estas características, he realizado una sucinta investigación que acabará de un plumazo con todo el debate.

Para entender en profundidad este asunto, debemos empezar hablando del origen del arte. Los primeros humanos que poblaron la tierra, como es cosa bien sabida, eran albinos. Todo el mundo vivía en armonía, hasta la invención del primer color, que en este caso fue el negro. Poco tiempo después nacería el primer varón con la piel de este color. En una sociedad tan falta de referentes culturales como la de entonces, se consideró que lo que los padres habían creado era una expresión artística que representaba una encendida protesta contra el maltrato al que estaban sometidas las personas ciegas. Aquel acontecimiento desató una oleada de partos de diversos colores: niños rojos, verdes y violetas empezaron a verse con normalidad en lo que se denominó “LA PRIMERA ECLOSIÓN ARTÍSTICA”. La polémica surgió cuando el padre del primer niño negro denunció al padre de otro niño negro por el asombroso parecido de sus pieles. El nombre de este último muchacho fue Plagio.

El primer plagio de la historia, según me informó él mismo por teléfono, fue ejectutado.

De esta forma llegamos al punto en que nos encontramos. Se acusa a la señorita Cañas de haber plagiado al señor Popp (cabe recordar que ambos forman parte de la generación del arte), y esta es la cronología y el resultado de mi investigación:

La primera ley del buen investigador es siempre hablar con las dos partes. Así que intenté localizar al señor Popp, por lo que empecé a rastrear por Internet para descubrir que…no existe un solo señor Popp, sino miles. Mi sentido detectivesco se ha activado inmediatamente. ¿Qué podría estar pasando? Decidí ir llamándolos de uno en uno.

En primer lugar, descolgué el teléfono para encontrar al otro lado a un tal Walter Popp:

– Buenos días, señor. ¿Es usted Walter Popp?

– What?

– ¿Podría indicarme en qué momento exacto pintó usted el cuadro por el que se le acusa de plagio?

– Sorry, I don’t know what…

Sin duda, este galimatías lingüístico que me planteba el señor Poop ocultaba algo. ¿Por qué no me respondía con claridad? ¿Estaba ante la pista incorrecta? Lo dejé pasar y me fui a por el siguiente de la lista.

– ¿Es usted el mago Pop?

– El número al que llama está apagado o fuera de cobertura.

Colgué, definitivamente no era él. Yo buscaba a un ser humano.

En mi lista encontré también a otros artistas cuyo nombre casi se correspondía con el sospechoso, tales como Iggy Pop, Nacha Pop, Jenesaispop o un extraño portal secreto que recibía el misterioso nombre de WallaPop (Walter + Pop). Más claro, imposible. Más confuso, también.

Decidí entonces llamar a la señorita Cañas.

– Buenos días, ¿es usted Walter Popp?

– Se cree  usted muy gracioso, ¿verdad?

No había caído en la trampa. Sin duda, María Cañas es una mujer de armas tomar. Continué indagando.

– Entonces debe ser usted María Cañas. Verá, le llamo en relación a las acusaciones de plagio. Acabo de llegar a la conclusión de que NO existe.

– Le agradezco todo lo que hace, pero no quiero hablar del tema.

– Quiero decir que Walter Popp no existe.

– ¿Qué?

– Usted no ha plagiado. Usted HA CREADO. Es usted la primera persona que realiza una obra original desde la eclosión cultural de las vanguardias.

– Mire, le voy a colgar.

Aquella amenaza de muerte no me gustó un pelo. Pero mi sentido del deber está por encima de mi ego. Incluso de mi vida.

– Cuélgueme si quiere, pero usted no ha plagiado a nadie. En todo caso, al atribuirse esta obra a Walter Popp, debe ser  a Walter Popp 2, que a todas luces no la ha realizado, pues está muerto. Así que aquí está mi conclusión: Usted no ha plagiado nada, sin embargo, su obra SÍ ha sido plagiada por el fallecido artista Walter Popp.

La comunicación se perdió, debido seguramente a la intensidad de la conversación. No es la primera vez que me ocurre. De hecho es bastante habitual cuando hablo con mis clientes.

Es curioso el fenómeno actual que está amenazando la Generación de las Artes. Artistas que viajan desde el pasado para plagiar la obra de artistas actuales y publicarlas en su época. ¿Cómo consiguen realizar esta hazaña? Sin lugar a dudas, el llamado Wallapop no era otra cosa que un portal interdimensional. Llamé al número que aparecía en la página.

-Buenos días… ¿Puedo hablar con Wallapop?

-¿Tiene usted alguna queja?

Me sorprendió la sinvergonzonería y el cinismo de la señorita. ¿Una queja, dice? ¿Pretende que me parezca bien lo que están haciendo con las obras de arte?

-Si tiene usted alguna queja puede recurrir al formulario que se encuentra en nuestra página.

-No señorita, no soy tan tonto como usted pretende. Sé perfectamente que utilizar su página puede trasladarme inmediatamente al año 2050, a la Revolución Francesa o a la generación del walkman.

-¿Cómo es posible que tenga esos datos?

-¿Le suena de algo el nombre de Walter Popp?

-¿Cuál de ellos?

-Sabe perfectamente a qué me refiero.

La señorita sacó un revólver y empezó a disparar. Yo hice lo propio por salvar mi vida. Finalmente los dos colgamos. No había obtenido nada nuevo, sólo una habitación llena de agujeros.

La pregunta que nos queda de todo esto es, ¿se viene una nueva eclosión cultural? ¿Es María Cañas el nuevo niño negro nacido de una pareja albina? ¿Se confirma con esto la posibilidad de viajar en el tiempo? ¿Quiénes son Iggy Pop y Nacha Pop? ¿Asesinó Walter Popp 1 a Walter Popp 2 para tener la autoría real de la obra? Pronto obtendremos la respuesta.

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